9 de junio de 2008

UN COMENTARIO SOBRE MAYO DEL 68, por Jorge Rojas

Interesante tema el 68, que algunos miembros de CHILESOC comentan y me motivan a escribir estos comentarios rápidos e inconclusos. Pertenezco críticamente a esa generación, la viví intensamente, con todas las consecuencias del golpe. En el exilio en Alemania, conocí a importantes actores del 68 alemán, amigos, extraordinariamente solidarios con Chile. Interesante resulta que la actual derecha alemana responsabiliza a la generación del 68 de todos los problemas que tiene la sociedad alemana actual.

Claro, Alemania no tuvo un golpe militar que tratase de "borrar" lo que hicieron los 68. La verdad es que la generación de los 68 está en diferentes posiciones de la sociedad alemana, en los viejos y nuevos partidos, en las universidades, en la iglesia, en las comunas, en la literatura, en las escuelas, etc. El movimiento fue muy grande y diverso, también pluralista, sumamente heterogéneo. Del 68 nació también la RAF (Rote Armee Fraktion, sus principales lideres murieron en cárceles bajo el sistema de aislamiento sensorial), guerrilla urbana de extrema izquierda, hoy afortunadamente desaparecida.

Hubo grupos llamados k (todo tipo de comunistas dogmáticos), trotskos, anarquistas, pacifistas, comuneros, ecologistas, feministas, grupos antiautoritarios en la familia y en las escuelas, etc. Hay que recordar que este movimiento surgió como respuesta a las herencias autoritarias dejadas o heredadas del fascismo alemán, el que impregnó instituciones, relaciones sociales, cultura, economía, partidos políticos, etc. Algo similar hace la derecha francesa: responsabilizar a los Daniel Cohnbendit (actualmente miembro del partido verde en el Parlamento europeo) y a los 68 franceses de los actuales “males” de la sociedad francesa. Para luego desestructurar la sociedad, disminuir el rol social del Estado y abandonar a las ciudadanos a su propia suerte individual…!

La democratización de las sociedades europeas recibió un gran impulso de los movimientos sociales del 68, lo que a su vez proviene de historias anteriores, del movimiento obrero, de la revolución francesa, del iluminismo, la socialdemocracia, el socialismo, etc. La democratización no le gusta a todo el mundo, lo sabemos en Chile, que vivimos un verdadero empate político postpinochetista, que ha bloqueado la sociedad y le impide avanzar hacia el desarrollo y un mayor nivel de democracia y subjetividad de sus ciudadanos. En verdad el postpinochetismo impide que surja una verdadera ciudadanía, salvo el movimiento de los llamados pingüinos del 2006, que ponen en el centro de sus luchas temas centrales de la sociedad chilena: la calidad de a educación, la mala distribución de la calidad, las enormes asimetrías sociales. Lo que actualmente vivimos, protestas estudiantiles en torno a la nueva ley de educación, no es otra cosa que la prolongación en el tiempo del 2006, de los pingüinos que entraron a la universidad y de los pingüinitos que aprendieron de sus antecesores y siguen sus pasos. Como abrir la sociedad cerrando sus brechas sociales. Y vendrán nuevos pingüinitos, mas chiquitos y mejor preparados…en los próximos años, si es que el país no resuelve sus problemas mas estructurales, conocidos por todos.

La derecha siempre busca a un responsable para frenar los cambios, los avances y el progreso de la sociedad. Basta leer los editoriales de el Mercurio para saber donde están los “enemigos”, son los mismos de siglos anteriores, con diferentes nombres y discursos. Son aquellos que se oponen a la “libertad” del mercado, aquellos que anteponen “molestos” objetivos sociales. Si hasta la propaganda hoy en día está en contra de la sociabilidad, de la solidaridad. ¡Viva el egoísmo y el individualismo! ¡Abajo la sociedad! Parece ser la parola dominante. Lo peor es cuando nosotros mismos creemos en estas consignas.

Las sociedades cambian y las generaciones juegan un papel importante en dicho cambio (salvo en épocas autoritarias, con fuerte represión, como bajo el régimen de Pinochet, en la que se pierden generaciones, sea por que las asesinan, exilian, las callan, las derrotan). Lo peor es siempre responsabilizar a los antepasados por todos los males... Hay generaciones que sufren los cambios, como sucedió bajo el régimen militar. Cuanto cuesta recuperar la libertad, la democracia, la confianza, la convivencia, el respeto a los derechos humanos, el respeto a los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas, de los niños y jóvenes, etc. Todo lo que se avanza en un par de siglos se viene abajo de un golpe, se destruye y caemos nuevamente en la barbarie. Lo que obliga a empezar de nuevo. Se necesitan nuevas utopías y esperanzas, las que normalmente vienen con segmentos de nuevas generaciones, unidas a reminiscencias del pasado que fue mejor, al menos así se cree. Unidas a la memoria histórica.

Nuestros países están hechos de golpes, de interrupciones, de discontinuidades. Por eso en Chile, la derecha reclama a menudo no mirar hacia atrás, concentrarse en el futuro, en el que ella se blanquea del tenebroso pasado. Porque aquí la historia se hace a golpes, sin historia ni memoria. Sin embargo, los países siguen y construyen una huella histórica y aunque los saquen violentamente de su huella, tienden a volver a su huella. Así por ejemplo, un país que ha seguido históricamente la huella de la justicia social no la abandonará jamás, como sería el ejemplo de Chile. En el caso nuestro, los rodríguez, bilbaos, arcos, recabarrenes, clotarios blest, allendes, nerudas y tantos otros, siguen estando representados en los clamores por equidad de los pingüinos y de los que aun vendrán.

Nuestra sociedad aún no supera el autoritarismo pinochetista e histórico. No supera aún rasgos importantes del colonialismo y de la sociedad agraria hacendada, a pesar de la modernización, que se limita más a las redes de carreteras que al desarrollo humano de las personas. Todo ello dificulta el paso al añorado desarrollo, que tiene implicancias y características cualitativas, vinculadas a la calidad del trabajo, de la educación, del seguro social, de la convivencia, de la calidad de vida, de la protección de los ecosistemas y cuidado del medio ambiente.

Nos hace mucha falta debatir, reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro, para construir el país que queremos a partir de lo que ha sido, de lo que quiso ser y no pudo, pero sigue insistiendo en querer ser, a pesar de las heridas aun no cerradas. Nadie lo sabe muy bien, hacia donde se dirige y que es lo que realmente quiere. Así es quizás mejor. Nadie podrá imponer un paradigma dogmático. Tampoco lo saben los viejos del 68, que aun viven y aman a su país, como es mi caso y el de tantos otros. Necesitamos un país con menos resentimiento, con más sentido solidario, con más justicia, con más democracia, con más sociedad, con más comunidad y con mayor reciclaje ecológico de su historia política, social, cultural y natural.

Con individuos o personas más fuertes, más soberanas, más autoconscientes y autoresponsables. Todo ello implica pasar por muchas etapas de la modernidad y modernización, lo que complejiza la misión y la tarea histórica. Ello conlleva más intergeneracionalidad e intersubjetividad, base de la sociedad convivencial. Implica menos economía totalizante. Sin violencia, con mucho dialogo y debate, con calidad y ciudadanía en desarrollo, podremos contribuir a definir la senda de la nueva emancipación humana que necesita el país para abandonar la ilusión neoliberal del mercado y volver aprender a soñar su presente y futuro promisorio.

Nuestro problema central de desarrollo es de carácter cualitativo, no es de tipo “carreteras” ni de infraestructura deficitaria. Nuestro principal déficit es de modernidad. Y allí la economía – en nuestro caso, el ministerio de hacienda - se agota, no tiene nada que decir ni aportar. La calidad se echa de menos en la educación, en el trabajo, en la salud, en el medio ambiente, en la protección social; en la falta de derechos ciudadanos y de garantías a las minorías étnicas y a las mujeres; en definitiva, en la falta de sociedad.

En medio del conflicto estudiantil, con universidades en paro y ocupadas, dialogando profundamente con estudiantes y profesores, tuve algo de tiempo para escribir estas reflexiones, a propósito de algunos comentarios en CHILESOC sobre el movimiento del 68. Podríamos organizar un seminario sobre este fascinante tema del 68 y sus consecuencias. En noviembre del 2008, organizáremos, junto con la Universidad de Chile y la UdeC, 50 años de Sociología en Chile y un Pre ALAS. He invitado a dicho importante evento a actores sobresalientes del 68 alemán. Debatiremos la época que vivimos, cómo caminar sin demasiados sobresaltos hacia el siglo XXI.

Jorge Rojas Hernández, Sociólogo, Prof. U. de Concepción

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