4 de abril de 2008

EL OPUS DEI EN LA ELITE CHILENA

Por qué el Opus Dei tiene tanta influencia en la elite chilena

Con el lanzamiento de la película el Código Da Vinci se ha abierto un fuerte debate sobre la influencia del Opus Dei en el mundo. Chile es uno de los países donde este movimiento más fuerte ha penetrado en las elites. Incluso estuvo a punto de tener un presidente -Joaquín Lavín en 1999- miembro de esa prelatura. En esta crónica, César Barros analiza las razones que, a su juicio, explican por qué este grupo religioso ocupa importantes espacios de poder en el país.

Por César Barros




Yo en mi juventud nunca había oído hablar del Opus Dei. Salvo una referencia, poco importante, en el libro de José María Gironella "Ha estallado la paz", continuación de su saga sobre la guerra civil española y su desenlace.

Hasta que me tocó buscar colegio para mis hijos hombres y con unas pocas iteraciones surgió la alternativa de los colegios de La Obra. Y al matricular al primero, tuve la oportunidad de conocer más en directo al movimiento, hoy elevado a organización mítica por el libro (y ahora la película) el Código da Vinci. Y con el correr del tiempo, La Obra -como les gusta llamarla- comenzó a hacerse famosa, con defensores acérrimos y enemigos ídem (en particular sus propios ex numerarios). Cundió toda suerte de rumores sobre su fuerte poder económico, sus influencias dentro de la Curia Romana, sus ataques a la ley de divorcio, la eutanasia y -por sobre todo- el aborto.

El poder de educar

La verdad es que nunca recibí desde el colegio presiones para ir a sus retiros ni a sus círculos. Es más, nunca -durante mi proceso de separación- recibí ni un asomo de segregación por parte del plantel o de sus autoridades. Los colegios, que son de una calidad extraordinaria -Tabancura, Cordillera, Los Andes y Huelén-, se encuentran constantemente entre los "top ten" en los resultados Simce y PSU. Su universidad (de los Andes) es una de las top entre las privadas, con una Escuela de Medicina señera. Fuera de Chile, su escuela de negocios de la Universidad de Navarra es de las punteras a nivel global. De modo que no es extraño que por su calidad, tal como en los 50 y 60 ocurrió con el Saint George's, San Ignacio y Verbo Divino, las elites chilenas comenzaran a llevar a sus hijos a educarse con ellos y, décadas más tarde, como constató un estudio especializado reciente sobre los ejecutivos chilenos, sus ex alumnos atestaran las gerencias y los directorios del empresariado nacional.

Los traumas de la elite

Las razones de esta importante influencia del Opus Dei en la elite se remontan a la crisis política y social chilena de los años sesenta, en la cual la Iglesia nacional jugó un rol muy particular.

Desde el siglo XIX, la Iglesia y buena parte de la elite operaban unidas desde el Partido Conservador: ente clerical, confesional, unido en forma íntima a la jerarquía católica. Juntas combatieron las leyes laicas, la educación estatal, la separación del Estado y la Iglesia, el matrimonio civil, los cementerios laicos y tantas batallas del Chile decimonónico. Y luego combatieron a los gobernantes liberales (Alessandri Palma) y a los radicales."No es buen católico quien no vota por el Partido Conservador", decía públicamente monseñor Caro, nuestro primer cardenal y coterráneo de Colchagua. Fue una Iglesia sumamente conservadora (Monseñor Tagle procuró excomulgar a las féminas que usaran bikini en su diócesis porteña; el cura Dalvadie -de la Parroquia de Santa Elena- evitaba darles la comunión a las señoras que la pedían con los hombros descubiertos o sin el velo de rigor) hasta, yo diría, fines del Concilio Vaticano II. Y esa Iglesia desentendida de las encíclicas sociales y ensimismada en las categorías políticas, de pronto devino en una Iglesia "progre": reforma agraria, educación no segregada, trabajo en poblaciones, madre del MAPU, de la toma de la Universidad Católica y de la reforma universitaria.

Buena parte de la elite chilena -agricultora por herencia ancestral, empresaria y muy conservadora en lo valórico- se sintió abandonada, juzgada y expropiada por los mismos que antes habían sido sus aliados de batallas memorables: a favor de la Iglesia en las leyes laicas; a favor de los empresarios en su lucha contra los movimientos sociales.

Y este cambio se reflejó rápidamente en sus colegios tradicionales -como se pudo observar en la película "Machuca", de enorme éxito de taquilla en Chile-, que pasaron a ser mixtos. De relativamente segregados socialmente a integrados a la fuerza. Y en que una parte importante de los curas se casaron o se hicieron izquierdistas furibundos. La evolución del mejor colegio de los sesenta, el Saint George's, es aleccionadora y las tensiones entre los alumnos, los padres y los curas fueron memorables. De esas luchas salieron desde los líderes del MIR y del MAPU, hasta los más preclaros combatientes contra la UP, y también los que luego fueron sustentadores civiles del régimen militar.

Sin dilemas por querer ser rico

Y justo entonces aparece un movimiento religioso que le ofrece a la elite empresarial todo lo que la nueva Iglesia le quitaba: educación de primerísima calidad, conservadora en lo valórico y neutra respecto a las luchas sociales. Admirador del trabajo bien hecho (entre ello -por supuesto- el trabajo empresarial) y centrado en la vida sacramental y personal, más que en los "pecados sociales" y las culpas colectivas del sistema capitalista opresor.

Pero no sólo eso: la lucha por los derechos humanos de la Iglesia chilena no fue acompañada "pari passu" por el Opus Dei. De modo que la elite que apoyó tan entusiastamente al régimen militar sintió que en el movimiento tenía mucha acogida y muy poca crítica. No había contradicción -ni leve- entre ser empresario y ser católico. Entre combatir los movimientos socialistas y la religiosidad. Entre querer ser rico y exitoso en los negocios y ser católico ejemplar. Tampoco entre despedir empleados y comulgar todos los domingos. Ganar harta plata, bajar costos, y de repente quebrar empresas es parte del trabajo empresarial que debe ser hecho con dedicación, objetivos claros y a la perfección: el viejo dilema entre el nuevo catolicismo social y la vida empresarial quedaba así obsoleto. Se tendían puentes entre Chicago y el Vaticano. Un cierto retorno a la Iglesia de monseñor Caro y del cura Clovis Montero.

La verdad es que si no hubiera aparecido el movimiento de marras alguien lo habría tenido que inventar. Y como las elites empresariales comandan fuerzas no despreciables, muchos miembros del movimiento religioso tuvieron rápidamente popularidad, influencia y financiamiento para sus obras de educación. Si sumamos a eso la enorme calidad de sus instituciones de enseñanza, podremos ver cómo Chile resultó un negocio redondo para ambos. Es más: cuando en veinte años más se haga un estudio sobre los ejecutivos chilenos, éstos muy posiblemente provendrán ya no del Saint George's, San Ignacio o Verbo Divino, sino más bien del Tabancura, Cordillera, Los Andes y Huelén. Y una buena parte de los médicos y de los profesionales top será de la Universidad de los Andes y del IESE de Navarra. No es magia: es pura mecánica racional.

Proselitismo activo

Entre todos los movimientos religiosos neoconservadores que llegaron o surgieron en Chile, el Opus ganó la competencia por "market share". Fue el primero en ofrecer sus servicios. Los que lo siguieron son un poco "más de lo mismo". Fueron los primeros también con su especial punto de vista para vivir el catolicismo. Por eso es natural que sean los más grandes entre sus pares y gocen del liderazgo en la elite nacional. Al tener personajes importantes entre sus filas (casi obtuvieron el primer presidente supernumerario del mundo, Joaquín Lavín en 1999), muchos jóvenes del movimiento pueden progresar más rápido en sus vidas profesionales: a igualdad de condiciones, un miembro debiera ganar preeminencia. Es parte en realidad del proselitismo activo que realizan.

¿Cuánto hay de verdadera religiosidad entre sus seguidores y cuánto de puro conservadurismo? Difícil pregunta. Tiendo a creer en la buena fe de las personas y, por lo tanto, creo que su militancia es básicamente religiosa. Pero también es cierto que se trata de una sensibilidad extraordinariamente conservadora. Por lo tanto la diferenciación podría ser sin mayores consecuencias, porque entre sus filas no hay lugar para los liberales de pensamiento, aunque sí para los de obra.

Y de sus ex alumnos ¿cuántos siguen o seguirán en la senda del Opus? Bueno, hay casos de notable abandono. Dueños de discotecas, por ejemplo. Pocos terminan como numerarios o supernumerarios: éstos son una minoría. La gran mayoría son jóvenes que agradecen la buena educación recibida, pero que no sienten ningún llamado especialmente fuerte ni en lo religioso ni en el proselitismo. Como buena parte de la juventud chilena, están al margen de las discusiones apasionadas de sus padres: formados en la tumultuosa década de los sesenta, y en las luchas fundacionales de los setenta.

Publicado en Que Pasa
http://www.latercera.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_210484491,00.html

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