Mostrando entradas con la etiqueta CHOMSKY. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CHOMSKY. Mostrar todas las entradas

28 de mayo de 2008

EL IMPACTO DEL 68, por Noan Chomsky

Mil novecientos sesenta y ocho fue un momento emocionante dentro de un movimiento mucho más extenso. A su vez, el 68 engendró en sí mismo un amplio espectro de movimientos. Sin el 68 no habría existido, por ejemplo, un movimiento de solidaridad internacional globalizado. Fue enorme en términos de derechos humanos, derechos étnicos y además como precursor de la conciencia sobre el medio ambiente.

Los «papeles del Pentágono» (las 7.000 páginas del informe secreto del gobierno de Estados Unidos sobre la guerra de Vietnam) son una prueba de esto: justo antes de la ofensiva del Tet, el mundo de los negocios se revolvió contra la guerra porque pensaba que era demasiado costosa y que el gobierno tenía el propósito –eso lo sabemos ahora- de enviar más soldados a la guerra, a pesar de que Lyndon B. Johnson había declarado que no enviaría más tropas a Vietnam.

Los papeles del Pentágono nos dicen que por miedo al creciente malestar de los ciudadanos, el gobierno se vio obligado a poner fin a la guerra. Además no estaba seguro de que pudiera disponer de suficientes tropas para enviar a Vietnam y al mismo tiempo para reprimir los disturbios en el frente doméstico.

Una de las reacciones más interesantes de las que sobrevinieron en 1968 fue la primera comunicación de la Comisión Trilateral (organización creada por Rockefeller compuesta de empresarios, banqueros, altos cargos de las administraciones políticas, ideólogos y teóricos de la nueva derecha y dirigentes sindicales de marcado tinte anticomunista, N.deT), que pensaba en «una crisis de la democracia» debido a la excesiva participación de las masas. En las postrimerías de los años 60 se suponía que las masas debían ser pasivas, no se escuchaban sus voces y no podían entrar en la escena pública. Cuando lo hicieron, el hecho se calificó de «exceso de democracia» y la gente temió que esas manifestaciones ejercieran demasiada presión sobre el sistema. El único que no expresó demasiado sus opiniones fue el grupo corporativo empresarial porque estaba implicado en las políticas aceptables.

La Comisión hizo un llamamiento a la moderación en la democracia y al retorno a la pasividad, señaló que «las instituciones encargadas del adoctrinamiento», como las escuelas y las iglesias, no estaban haciendo bien su trabajo y debían hacerlo de forma más agresiva.

El ala más reaccionaria fue más violenta ante los acontecimientos del 68. En aquel momento trataron de reprimir la democracia y en parte lo lograron, aunque no realmente, ya que el movimiento social de activistas creció. En 1968, por ejemplo, era inimaginable que se llegaría a crear, en 1980, un grupo de solidaridad internacional.

Actualmente, la democracia es incluso más fuerte que en 1968. Hay que recordar que al principio de la guerra de Vietnam no hubo oposición. La oposición se desarrolló, pero sólo seis años después, cuando John F. Kennedy atacó Vietnam del Sur y creció el número de víctimas. En cambio, en la guerra de Iraq, la oposición ha estado presente desde el principio, incluso antes de que se iniciara el primer ataque. La guerra de Iraq es el primer conflicto de la historia occidental en el que ha habido manifestaciones masivas contra una guerra incluso antes de que comenzara. También hay otras diferencias. En 1968, sólo se discutía la salida de Vietnam de forma marginal. Actualmente todos los candidatos a la presidencia se refieren a la retirada de Iraq como una posibilidad política real.

Actualmente también hay un mayor rechazo a la opresión del que había entonces. EEUU solía promover o apoyar rutinariamente los golpes de estado en América Latina. Pero la última vez que los estadounidenses apoyaron un golpe de Estado, en 2002 en Venezuela, tuvieron que dar marcha atrás rápidamente por la fuerte oposición pública. Sencillamente no pueden hacer las cosas que hacían antes.

Por eso pienso que el impacto del 68 ha sido duradero y, definitivamente, ha dado resultados positivos.

Publicado en Rebelion.org /Original en inglés: http://www.chomsky.info/articles/20080508.htm

6 de abril de 2008

¿Cambiará un demócrata la política de EE.UU.?, N. Chomsky

Invitamos a leer este artículo de N. Chomsky, que sin duda ayuda a desmistificar roles eventuales de los candidatos demócratas en la carrera presidencial norteamericana, y a adoptar expectativas más realistas al respecto, especialmente en lo referente a la política de EEUU hacia el Medio Oriente. En esta misma línea publicamos hace unas semanas en este Blog un breve comentario sobre el tema, que alude también la posición de los candidatos demócratas hacia América Latina. E.A.


Por Noam Chomsky*, La Nación.cl

Hillary Clinton y Barack Obama han realizado una campaña en base a plataformas de “esperanza” y “cambio”, pero esa retórica no parece apuntar a un cambio de importancia en la política exterior de Washington. Este artículo, adaptado de un diálogo entre el autor y Gilbert Achcar, entrega algunas claves de ello.

Hace poco, cuando el vicepresidente Dick Cheney fue consultado por la corresponsal de ABC News Martha Raddatz acerca de encuestas que demostraban que una abrumadora mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos se oponían a la guerra en Irak, éste respondió: "¿Y qué?".

Raddatz insistió: "¿No le preocupa lo que piensa el pueblo de Estados Unidos?".

"No", respondió Cheney. "No puede cambiarse el curso de una política debido a las fluctuaciones en las encuestas de opinión pública", explicó.

Después, la vocera de la Casa Blanca Dana Perino recordó que el pueblo de Estados Unidos decide el curso de su política "cada cuatro años. Y esa es la manera en que se ha establecido en nuestro sistema".

Eso es correcto. Cada cuatro años, Estados Unidos puede elegir entre candidatos cuyos puntos de vista rechaza, y luego debe callarse la boca. Pero como el pueblo no entiende bien esa teoría de la democracia, suele expresar su desacuerdo con vigor.

"Un 81% de los entrevistados dicen que cuando adopta una ‘decisión importante’, los líderes deben prestar atención a las encuestas de opinión pública", señala el Programa de Actitudes Políticas Internacionales (PIPA, por sus siglas en inglés), con sede en Washington.

Y cuando se les preguntó "si creen que ‘las elecciones son el único momento en que los puntos de vista del pueblo deben tener algún tipo de influencia’, un extraordinario 94% dijo que los líderes del Gobierno deben prestar atención a los puntos de vista del pueblo entre una y otra elección".

La misma encuesta reveló que el público tiene escasas ilusiones acerca de cuánto valen sus deseos. Un 80% dijo que "este país está controlado por escasos intereses de gran magnitud que sólo se preocupan por sí mismos", y no "por el bienestar del pueblo".

Con su desprecio sin límites por la opinión pública, el Gobierno de George W. Bush ha estado en el extremo aventurero y radical nacionalista del espectro político. Es posible que un candidato demócrata vire más hacia el centro. Sin embargo, el espectro es angosto.

Las declaraciones y registros de Hillary Clinton y Barack Obama hacen difícil esperar cambios significativos en la política hacia el Medio Oriente.

¿RETIRADA? NI HABLAR

Ninguno de los candidatos demócratas ha expresado una objeción de principio a la invasión de Irak, como ocurrió cuando los rusos invadieron Afganistán, o cuando Saddam Husein invadió Kuwait. Una condena en el sentido de que la agresión es un crimen, "el crimen supremo a nivel internacional", como lo determinó el Tribunal de Nuremberg.

A lo más criticaron "un error garrafal a nivel estratégico" (Obama), o la participación en "otra guerra civil, una guerra que no se puede ganar" (Clinton).

Se critica la guerra en Irak en base al costo y al fracaso, una posición considerada pragmática, sobria, moderada. Lo que se dice habitualmente cuando se trata de crímenes cometidos por Occidente.

Las intenciones del Gobierno de Bush y posiblemente del senador John McCain fueron subrayadas en una declaración de principios divulgada por la Casa Blanca en noviembre de 2007.

Se trata de un acuerdo entre Bush y el Primer Ministro iraquí, Nuri Al Maliki, que permite a las fuerzas de EEUU continuar allí de manera indefinida "para frenar la agresión extranjera" y por razones de seguridad interna. Aunque no sea, por cierto, la seguridad interna de un Gobierno que rechace la dominación de Estados Unidos.

La declaración también exige a Irak facilitar y alentar "el flujo de inversiones extranjeras, especialmente norteamericanas". Una expresión inusitadamente descarada de voluntad imperial.

En resumidas cuentas, Irak continuará siendo un Estado cliente, aceptará instalaciones militares permanentes de EEUU y asegurará a los inversionistas acceso a sus grandes recursos petroleros. Una declaración razonablemente clara de los objetivos de la invasión, que eran evidentes para todos aquellos no cegados por la doctrina oficial.

¿Cuáles son las alternativas? Fueron expuestas en marzo de 2007, cuando la Cámara de Representantes y el Senado aprobaron propuestas de los demócratas estableciendo fechas de retirada. El general retirado Kevin Ryan, profesor de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, analizó las propuestas en el diario "The Boston Globe".

Éstas permiten al Presidente anular las restricciones en nombre de la "seguridad nacional", lo que, según Ryan, deja la puerta muy abierta, pues se permite a los soldados quedarse en Irak "en tanto y en cuanto realicen tres misiones específicas: proteger las instalaciones de Estados Unidos, sus ciudadanos o fuerzas; combatir terroristas de Al Qaeda o internacionales, y adiestrar a fuerzas de seguridad iraquíes".

Entre dichas instalaciones figuran las grandes bases militares norteamericanas y la Embajada de Estados Unidos, una ciudad dentro de una ciudad, que no se parece a ninguna otra sede diplomática en el mundo.

"Las propuestas consisten en dar una nueva misión a nuestras tropas. Tal vez se trate de una buena estrategia, pero esto no es una retirada", dice Ryan. Y es difícil ver mucha diferencia entre las propuestas hechas por los demócratas aquel 7 de marzo y las ideas de Obama o de Clinton.

OBJETIVO IRÁN

En relación a Irán, Obama es considerado más moderado que Clinton, y su lema principal es "cambio". Por lo tanto, nos concentraremos en sus planes. El senador pide una mayor disposición a negociar con Irán, pero dentro de las restricciones habituales.

Dice que podrían "ofrecerse incentivos económicos y una posible promesa de no buscar ‘cambio de régimen’ si Irán cesa de entrometerse en Irak y coopera en tópicos de terrorismo y en asuntos nucleares", y si cesa de "actuar de manera irresponsable" al respaldar a grupos militantes chiitas en Irak.

Algunas obvias cuestiones vienen a la mente. ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si el Presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, prometiera "no buscar cambio de régimen" en Israel a cambio de que ese Estado cesara sus actividades ilegales en los territorios ocupados a los palestinos?

El enfoque moderado de Obama se acomoda a la opinión pública. Como los otros candidatos viables, Obama ha insistido que EEUU debe amenazar con atacar a Irán. La frase estándar es "debemos mantener todas las opciones abiertas". Eso, por cierto, es una violación de la carta de las Naciones Unidas, por si a alguien le preocupa saberlo. Pero una gran mayoría de estadounidenses ha expresado su desacuerdo.

Un 75% está en favor de mejores relaciones con Irán, y apenas un 22% propicia "amenazas implícitas", de acuerdo al PIPA. Por lo tanto, todos los precandidatos presidenciales se oponen a unas tres cuartas partes de la opinión pública en este asunto.

La opinión de norteamericanos e iraníes sobre la política nuclear ha sido estudiada con cuidado. En ambos países, una gran mayoría señala que Irán tiene el mismo derecho de cualquier otro firmante del Tratado de No Proliferación: desarrollar energía atómica, pero no armas nucleares.

Una mayoría similar está a favor de establecer una "zona libre de armas nucleares en el Medio Oriente que incluiría a los países islámicos e Israel". Y más de un 80% de los norteamericanos entrevistados respaldan la eliminación total de las armas atómicas, algo que rechaza el Gobierno de Bush.

Seguramente los iraníes están de acuerdo con los norteamericanos que Washington debe poner fin a sus amenazas militares e iniciar relaciones diplomáticas normales.

En un foro en Washington, luego que fueron divulgadas las encuestas del PIPA, Joseph Cirincione, vicepresidente para Seguridad Nacional y Política Internacional del Centro por el Progreso de Estados Unidos (y asesor de Obama), dijo que las encuestas demostraban "el sentido común de los pueblos de Estados Unidos y de Irán, que es capaz de situarse por encima de la retórica de sus líderes y encontrar soluciones de sentido común para algunas de las cuestiones más cruciales" para ambas naciones.

Aunque carecemos de registros internos, existen razones para suponer que el Pentágono se opone a un ataque contra Irán. La reciente renuncia del almirante William Fallon como jefe del Comando Central responsable de las tropas en el Medio Oriente , fue interpretada como señal de su oposición a un ataque, y es posible que ello sea compartido por el comando militar en su conjunto. Y la Estimación de Inteligencia Nacional de diciembre de 2007, informando que Irán frenó su programa de armas nucleares en 2003, tal vez refleje la oposición de la comunidad de inteligencia a la acción militar.

Hay muchas incertidumbres. Pero es difícil ver señales concretas de que un Presidente demócrata pueda mejorar la situación, o que su política refleje la opinión pública de los estadounidenses o del resto del mundo.

ISRAEL-PALESTINA

Tampoco en la cuestión entre Israel y Palestina los candidatos han ofrecido esperanzas de algún cambio constructivo.

En su portal en internet, Obama señala que "respalda con vigor la relación de Estados Unidos con Israel" y cree que "nuestro primer e innegable compromiso debe ser con la seguridad de Israel, el aliado más vigoroso de Estados Unidos en Medio Oriente".

Resulta claro que son los palestinos quienes enfrentan el problema de seguridad más grave. De hecho, un problema de supervivencia. Pero los palestinos no son un "vigoroso aliado" de EEUU.

Y, en la mejor de las circunstancias, serían un aliado muy débil, por lo que sus aflicciones merecen escasa preocupación, según el principio operativo de que los derechos humanos son en buena parte decididos por contribuciones al poder, a las ganancias y a las necesidades ideológicas.

Obama se presenta como un súper halcón con respecto a Israel. "Él cree que el derecho de Israel a existir como un Estado judío jamás debe ser puesto en entredicho", dice su programa. Pero en ningún momento ha dicho que el derecho de los países a existir como Estados musulmanes (o cristianos, o blancos) "jamás debe ser puesto en entredicho".

Obama pide un aumento de la ayuda exterior "para asegurar que se satisfagan las prioridades de financiamiento" a Israel. E insiste en que Estados Unidos no debe "reconocer a Hamas a menos que renuncie a su misión fundamental de eliminar a Israel".

Ningún Estado puede reconocer a Hamas, que es un partido político. Tal vez se refiera al Gobierno que formó Hamas luego de elecciones libres, cuyos resultados no fueron los esperados, y por lo tanto resultan ilegítimos, siguiendo el criterio de "democracia" que prevalece en la elite.

También se considera irrelevante que Hamas haya pedido en numerosas ocasiones un acuerdo de dos Estados, acatando el consenso internacional, algo rechazado por Estados Unidos e Israel.

El candidato tampoco ignora a los palestinos. "Obama cree que una mejor vida para las familias palestinas es buena tanto para los israelíes como para los palestinos". Y añade una alusión a dos Estados viviendo lado a lado de manera pacífica; una alusión lo bastante vaga para que los halcones de Estados Unidos e Israel la acepten sin problemas.

En cuanto a los palestinos, tienen ahora dos opciones. Una es que Estados Unidos e Israel acepten el consenso internacional de dos Estados, de acuerdo a la ley internacional.

Una segunda posibilidad es una que ya están implementando: consignar a los palestinos a su prisión en Gaza y a sus cantones en la Cisjordania, separados por asentamientos judíos y grandes proyectos de infraestructura, mientras Israel se apodera del valle del río Jordán.

Pero las circunstancias podrían cambiar, y quizá los candidatos junto con ellas, para beneficio de Estados Unidos y de la región. La opinión pública no puede quedar para siempre marginada e ignorada.

Tal vez el poder económico interno que en buena parte modela la política reconozca que sus intereses son mejor servidos si se acata la opinión del público, y del resto del mundo, en lugar de seguir aceptando la línea dura de Washington.

*The New York Times Syndicate

3 de abril de 2008

Triunfará el candidato Republicano?, N. Chomsky

Entrevista con Noam Chomsky

"El Partido Republicano tiene una máquina de difamación altamente eficiente que pondrá a trabajar cuando sea elegido el candidato demócrata"

Angélica Lagos Camargo y Juan Camilo Maldonado

El Espectador

Noam Chomsky es uno de los analistas más críticos de la política estadounidense. Autor de varios libros sobre las políticas de Estados Unidos en el mundo, este profesor norteamericano se califica como "un defensor de las causas perdidas". Desde su oficina del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el profesor emérito habló con El Espectador y explicó por qué John McCain será el próximo presidente de EU, las razones por las que no se puede llevar a cabo el acuerdo humanitario en Colombia y el temor que despiertan en Washington los cambios que se están dando en América Latina.

El próximo mes de noviembre, George W. Bush deja la presidencia. ¿Cuál cree usted que será su legado?

Su legado será el de haber destruido cada cosa que toca. En los temas internacionales creó una increíble catástrofe en Irak y dañó la imagen de Estados Unidos en el mundo. Además, sus políticas domésticas, las más dañinas desde la Segunda Guerra Mundial, nos han llevado a un descalabro económico de enormes proporciones.

¿Es Bush, como dicen muchos analistas, el peor presidente en la historia de los Estados Unidos?

Sí, yo pensaría eso.

¿Cuál fue su peor acción?

Irak, sin duda. El país es la peor tragedia de este siglo. La invasión destrozó el país, es una catástrofe. Su estrategia, que tanto defiende, es crear una serie de "señores de la guerra" que controlan pequeños territorios pero que en el futuro terminarán en guerra los unos con los otros. Bush es un total desastre que ha conducido a un enorme incremento del terrorismo.

¿Cuándo cree que se acabe este desangre en Irak?

Pienso como John McCain, próximo presidente de Estados Unidos, quien asegura que esto tomará cien años. Los candidatos demócratas hablan de retirar tropas pero con muchas calificaciones y reservas. Además, si miramos lo que están haciendo el Gobierno y el Congreso el fin no estaría tan cerca: se están construyendo enormes bases en Irak, tal vez las más grandes del mundo, y eso no lo hacen para desmantelarlo después.

¿Pero para qué permanecer en Irak si la guerra se está perdiendo?

Irak no habría sido invadida si no fuera un gran premio, y eso es lo que es, ya que tiene las segundas reservas más grandes de petróleo en el mundo. Está en la mitad de los principales países productores de petróleo en el mundo. George Bush ha sido muy claro en afirmar que no habrá limitaciones a las acciones militares norteamericanas en Irak, mientras que sostiene que la economía iraquí debe estar abierta a la inversión extranjera, privilegiando las inversiones norteamericanas. Ha sido muy franco. Vamos a ver qué hace su sucesor.

A propósito de las elecciones, ¿a quién le teme más el electorado: a un negro o a una mujer en la Casa Blanca?

¿Qué tal un oficial militar, que es la tercera opción? Es muy difícil de decir. Mi especulación es que McCain probablemente ganará. La razón es que el Partido Republicano tiene una máquina de difamación altamente eficiente y muy profesional, que todavía no ha puesto a trabajar. Pero apenas uno de los dos candidatos sea elegido, pondrá en marcha estas estrategias, que serán muy efectivas.

¿Eso fue lo que pasó en las últimas elecciones, cuando todos apostaban a que Bush sería derrotado?

Sí. En las elecciones de 2004 había dos candidatos. Bush, que había evitado el servicio militar en Vietnam, y Kerry, que sí estuvo en el ejército, luchó en las zonas más peligrosas y ganó medallas de honor por valentía. ¿Cómo terminó la historia? Una vez los republicanos pusieron en marcha su maquinaria de difamación, Kerry fue retratado como el candidato menos patriótico y Bush fue retratado como un héroe militar.

¿Y dónde queda el fenómeno Obama? Muchos le apuestan a él como el próximo Presidente.

Cuando el Partido Republicano realice sus enormes operaciones de difamación, basadas en mentiras, veremos qué tan efectivo es.

¿Cómo funcionaría esto con Hillary Clinton?

Bueno, hay toda una maquinaria de odio hacia Clinton que ya está funcionando. Se habla de muchos crímenes durante la administración Clinton. Ella está en los rankings de las personas menos queridas en el país, como resultado de 10 años de villanización y mentiras. Es una maquinaria muy eficiente.

¿Cómo evalúa usted la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica?

R. Bueno, si mira las encuestas en la región, el disgusto frente a los Estados Unidos y sus políticas se ha incrementado notablemente durante los años de Bush. Tanto su administración, como los líderes políticos de ambos partidos, están profundamente preocupados por lo que se está desarrollando en Latinoamérica. Colombia es una excepción.

¿En qué falla esencialmente la estrategia estadounidense en América Latina?

EEUU dio por sentado durante mucho tiempo que dominaría y controlaría Latinoamérica: sus recursos, la inversión, sus gobiernos, entre otras. De hecho, un principio clave de la política de EU es que si "no se puede controlar Latinoamérica, ¿cómo se controlará el resto del mundo?". Pues bueno, Latinoamérica está fuera de control, por primera vez. Hay una tendencia hacia la integración de Latinoamérica: Banco de Sur, las reuniones de Cochabamba, donde los líderes de Latinoamérica discutieron una unión del tipo de la Unión Europea, y el Mercosur, entre otros. Estas jugadas son nuevas en la historia del continente.

¿Hacia dónde va Latinoamérica con todos estos cambios?

Por primera vez, la mayoría del continente está empezando a tomar cartas en sus graves problemas internos y estos desarrollos son muy preocupantes para Estados Unidos. En el pasado habían sido capaces de contenerlos con dos métodos: el primero era la violencia, y el otro, la estrangulación económica. Colombia es un buen ejemplo de la violencia: en 1962 Kennedy envió a Colombia una misión de fuerzas especiales para aconsejar a las Fuerzas Militares colombianas, y el consejo era que había que controlar a la población a través del terror paramilitar. Bueno, pues eso cambió la naturaleza de los militares colombianos. Y aunque Colombia ya era una sociedad violenta, no tengo qué explicar qué pasó desde entonces. El consejo fue tomado, con consecuencias horripilantes. Pero ya no es tan fácil utilizar la violencia para derrocar gobiernos e instalar dictaduras. La última vez que lo intentaron fue en Venezuela en 2002, pero no funcionó, en parte por la fuerte oposición efectuada en Latinoamérica.

Se ha especulado sobre la participación de Estados Unidos en el operativo que dio de baja a "Raúl Reyes". ¿Hay evidencias que confirmen esta hipótesis?

Se refiere al asesinato de Reyes... No tenemos evidencias, pero es una sospecha muy razonable. Recuerde cuándo y quién fue asesinado. Ellos mataron a una persona que era central en las negociaciones del intercambio de rehenes y quien era el más involucrado en una potencial negociación.

No se necesita un genio para entender qué significa eso: Colombia y Estados Unidos no quieren permitir el intercambio de rehenes, y no quieren la diplomacia y la negociación. El momento en que se da también es interesante, ya que el operativo se realiza inmediatamente antes de que se realizara una protesta contra el terror paramilitar en Colombia. Es difícil evitar conjeturar conclusiones partiendo de estos hechos.

¿Ve alguna posibilidad de que Íngrid Betancourt o los tres norteamericanos sean liberados?

Hay posibilidades, pero la muerte de Reyes las reduce significativamente. Presumo que fue planeada con este propósito, dado que las consecuencias son obvias. La persona a la que mataron era central para las negociaciones.

¿Por qué ha sido tan pasivo George Bush a la hora de buscar una salida negociada para liberar a los tres norteamericanos?

No ha sido pasivo. Ha sido activo en la medida en que se ha opuesto a ello. Su administración, como sus predecesores, han brindado una cantidad enorme de ayuda militar a Colombia, la segunda más grande en el mundo. Las negociaciones son vergonzosas para los Estados Unidos. A ellos les gustaría ver una solución militar, antes que una solución diplomática.

¿Cómo evalúa usted el papel de Chávez en las negociaciones?

Él estaba en el centro de la negociación. Hay mucho que se le podría criticar en términos de su estilo, pero el hecho es que estaba ocupando indudablemente el rol de iniciar las negociaciones. Tiene plenos contactos con las Farc y relaciones con Colombia, así que es el mediador más obvio. La gente puede controvertir frente a la manera en la que él llevó a cabo el proceso, pero su papel es incontrovertible.

Precisamente por su estilo, ¿no se convierte Chávez en un peligro regional?

Por supuesto que Venezuela es una amenaza, pero es una amenaza al modelo de desarrollo y, debido a sus jugadas, apuesta hacia la integración de la región. Brasil no considera a Venezuela una amenaza, de hecho tienen muy buenas relaciones.

Colombia, por el contrario, no tiene muy buenas relaciones con los vecinos. ¿No tiene que ver la relación especial con Estados Unidos?

Sí, pero sumado con sus propios problemas internos. No tengo que decirle que la historia violenta de Colombia se remonta cien años atrás.

¿Cómo evalúa usted la política exterior de Álvaro Uribe?

¿Política exterior?

Sí.

R. ¿En Colombia?

Sí.

La política exterior colombiana es, en su mayoría, dependiente del poder norteamericano.

21 de marzo de 2008

América Latina y EE:UU., N.Chomsky

Entrevista a Noam Chomsky

"América Latina es el hogar de los movimientos populares más significativos del mundo"

Fernando Bossi, Correos para la Emancipación.

Chomsky abarca distintos temas relacionados con el papel de EE.UU. en Nuestra América, su hegemonía y asimismo, da su opinión sobre el futuro de los pueblos que hoy luchan por su verdadera independencia.

Noam Chomsky, nuestro entrevistado para Correos para la Emancipación, nació en 1928 en Filadelfia, Pensilvania, EE.UU. En la Universidad de Pensilvania estudió filosofía y lingüística, donde se doctoró en 1955. Es doctor honoris causa de más de 30 universidades, entre ellas, las de Londres, Chicago, Georgetown, Buenos Aires, Columbia, Pisa, Harvard y Nacional de Colombia.

Su actividad como militante de la izquierda intelectual es reconocida internacionalmente. Durante la guerra de Vietnam se destacó como firme opositor a la misma, lo que fue el inicio de su trascendente postura crítica contra el sistema gubernamental estadounidense.

En su trabajo académico e intelectual se adentra en los terrenos de la lingüística, la comunicación, la política, la economía y la sociología. Su obra, la mar de prolífera, comprende más de treinta libros donde expone tanto su teoría lingüística (es reconocido como el padre de la gramática generativa transformacional) como su crítica al sistema, además de cientos de artículos de análisis político en los cuales analiza los mecanismos de censura y las debilidades del sistema democrático en el campo de la comunicación.

En nuestra entrevista con el director de Correos para la Emancipación, Fernando Bossi, Chomsky abarca distintos temas relacionados con el papel de Estados Unidos en Nuestra América, su hegemonía y asimismo, da su opinión sobre el futuro de los pueblos que hoy luchan por su verdadera independencia.

Fernando Bossi: La opinión pública mundial es un campo de batalla donde muchas veces, y en los últimos años principalmente, las políticas imperialistas de los Estados Unidos han sufrido severas derrotas. El caso de la invasión a Irak es un ejemplo. Ahora, ¿qué otros casos usted podría mencionar? y ¿cómo analiza usted el hecho que si bien la opinión pública internacional se manifestó adversa a la invasión estadounidense a Irak, ésta no pudo evitarla?

Noam Chomsky: La administración Bush ha sido sorprendente en su capacidad para antagonizar la opinión mundial, asunto tras asunto. Como muestran las encuestas internacionales habituales, el miedo y a menudo el odio hacia Estados Unidos se ha elevado paulatinamente durante los años de Bush, a alturas notables -aunque las encuestas más cuidadosas revelan que el miedo y el odio son dirigidos contra la política, no hacia la población o la sociedad-. Los casos más allá de Irak pueden ser seleccionados casi al azar. Tomemos Líbano, donde «hace un año las proporciones que vieron a Estados Unidos favorablemente (40 %) e infavorablemente (41 %) estaban casi niveladas» (Encuesta Gallup). Hacia septiembre-octubre de este año, Gallup encontró que «el doble de los libaneses está ahora inclinado a expresar probablemente una opinión negativa total contra Estados Unidos (59 %) como uno positivo (28 %). Casi la mitad de los libaneses (47 %) va tan allá como para decir que ellos tienen una ‘muy desfavorable’ opinión de Estados Unidos». La razón, desde luego, fue el ataque salvaje de verano que destruyó la mayor parte de Líbano una vez más, y que los libaneses, correctamente, lo consideran como una invasión Estados Unidos-Israelí.

La administración también ha tenido éxito en antagonizar la opinión de la élite en su propia casa. La crítica dentro de la corriente principal de la élite ha sido de una dureza sin precedentes. En los círculos más respetados dentro de la erudicción estadounidense y de análisis político, Bush ha sido condenado por seguir el curso del fascismo japonés (Arthur Schlesinger) y conducir al mundo hacia «el juicio final» o hasta «el pronto Apocalipsis» (John Steinbrunner, Robert McNamara). Un comentarista distinguido, que escribe en el diario más moderado y respetable del país, acusa a los asesores jurídicos de Bush por «la articulación, de parte de la administración Bush, de una visión de la autoridad presidencial que está del todo muy cercana al poder que Schmitt estaba dispuesto a conceder a su propio Führer», refiriéndose a «Carl Schmitt, el principal filósofo alemán en jurisprudencia durante el período Nazi y la verdadera eminencia gris de la administración» (Sanford Levinson, en el diario de la Academia Americana de Artes y Ciencias). Y es fácil seguir. Palabras como estas son escuchadas rara vez en el corazón del Establishment.

La oposición global por la invasión de Irak fue aplastante. En Europa, el apoyo llegó escasamente hasta el 10 %. Esta era también la primera vez en siglos de Imperialismo Occidental que una guerra fue protestada masivamente- en Estados Unidos también - antes de que hasta oficialmente fuera iniciada (aunque descubrimos de documentos británicos escapados a la luz pública, que estaba ya en camino, contrario a las mentiras piadosas de Blair y Bush). Si las protestas hubieran sido sostenidas, es dudoso que Washington pudiera haber procedido. Pero las protestas no continuaron, al menos en un nivel suficientemente visible y enérgico. El poder centralizado sistemáticamente desatiende la opinión pública cuando se incurre en poco coste. Es muy fácil de ilustrar, a través de la historia. Sólo para revisar algunos ejemplos actuales, 2/3 de los americanos favorecen las relaciones diplomáticas con Cuba, números que han sido bastante estables ya que la encuesta comenzó hace 30 años (Gallup). La organización principal que supervisa actitudes públicas sobre asuntos internacionales encontró en noviembre que «una gran mayoría (75 %) prefiere tratar ‘de construir mejores relaciones’ con Irán, antes que ‘presionarlo con amenazas implícitas como que Estados Unidos puede usar la fuerza militar contra ellos’ (22 %)» (Programa sobre Actitudes Internacionales de Política). Tales resultados, que son usuales, tienen poco efecto sobre la política a no ser que las opiniones sean manifestadas en una manera que genere costes para el poderoso. En gran parte de las sociedades despolitizadas, en las cuales el pueblo siente que no puede desempeñar ningún papel serio en asuntos políticos, los centros de poder tienden a concluir que pueden actuar como prefieran.

Fernando Bossi: ¿La actual hegemonía estadounidense a nivel planetario, será reemplazada por otra de características similares o existen posibilidades de avanzar hacia un mundo multipolar?

Noam Chomsky: Por ahora, la hegemonía americana descansa sobre bases inseguras. Al final de Segunda Guerra Mundial, los hechos fueron diferentes. Estados Unidos tenía literalmente la riqueza de la mitad del mundo y seguridad y poder incomparables. Los líderes políticos estaban bien conscientes de esto, y desarrollaron proyectos sofisticados para controlar la mayor parte del mundo bajo sus intereses – lo que significó, esencialmente, los intereses de grupos dominantes nacionales, principalmente el sector corporativo, para entonces moviéndose a su etapa multinacional. Como explicó más tarde el Departamento de Comercio de Reagan, el Plan Marshall «preparó el escenario para la inversión privada directa de grandes cantidades en Europa desde Estados Unidos», trazando el trabajo preliminar para las Corporaciones Transnacionales que cada vez más dominan la economía mundial. Esto era «la expresión económica» del «marco político» establecido por los planificadores de la posguerra, mientras «el negocio americano prosperó y se amplió bajo instrucciones de ultramar... abastecido al principio por los dólares del Plan Marshall» y protegido «de acontecimientos negativos» por «la sombrilla del poder americano» (Business Week, 1975).

Pero esa «edad de oro» de la intervención de Estado en la economía internacional fue desafiada según las economías industriales se recuperaron del desastre del tiempo de guerra, y la descolonización cambió el carácter del control global. Por los años 70, la participación de Estados Unidos en la riqueza global había declinado cerca de 25% — aproximadamente su nivel en la preguerra — y la economía internacional era «tripolar», con tres regiones aproximadamente comparables: Norteamérica, Europa, Asia, con Japón como base. En aquel tiempo las reglas neoliberales fueron impuestas donde fue posible, conduciendo sistemáticamente al desastre económico donde las reglas fueron seguidas (notablemente América Latina) mientras el crecimiento muy rápido ocurrió donde no hicieron caso de ellas (notablemente Asia Oriental). India y China están retornando lentamente a un papel importante en el mundo, aunque es poco probable que logren algo como su estado mundial antes de las conquistas europeas, cuando ambos países fueron los centros comerciales e industriales del mundo. Estados Unidos se mantiene como la economía más rica del mundo, con ventajas sin par, pero ya no reina en supremacía.

El bienestar a largo plazo de la economía también ha enfrentado serios embates por la administración Bush, que un desconcertado observador marciano pudiera concluir se dedica a perjudicar a la población de Estados Unidos tan seriamente como sea posible - aparte de los muy ricos, que están prosperando con enorme empuje. Para citar solamente un ejemplo actual, los interventores de la Oficina de la Responsabilidad del Gobierno acaban de divulgar que las responsabilidades totales y las comisiones flotantes del gobierno se elevaron a cerca de $50 trillones, por encima de $20 trillones cuando Bush tomó posesión del cargo. Es uno de los muchos severos legados dejados a las futuras generaciones.

En una dimensión, Estados Unidos reina soberano: Poder militar. Sus gastos militares son aproximadamente iguales a aquellos del resto del mundo combinado, y tecnológicamente es más avanzado, y ahora moviéndose adelante para militarizar el espacio con la oposición casi unánime en las Naciones Unidas, además de analistas estratégicos, que advierten que estos pasos aumentan considerablemente la amenaza «del juicio final».

Sin embargo, la capacidad para controlar por la violencia ha estado disminuyendo. Irak es un ejemplo. Si Estados Unidos falla en mantener el control de Irak, el asimiento de parte de Estados Unidos de los principales recursos de energía del mundo podría ser amenazado, un golpe contundente a los principios fundamentales de la política global. América Latina es otro ejemplo, en este caso uno de profunda preocupación para Estados Unidos no sólo por lo material, sino también por motivos ideológicos. Si Estados Unidos no pudiera controlar a América Latina, el Consejo Nacional de Seguridad determinó hace años que, no podría esperar «alcanzar un dominio exitoso en otra parte del mundo».

No hay ninguna perspectiva plausible de surgimiento de otro poder hegemónico, y hay al menos aperturas para la posibilidad que los pueblos del mundo sean capaces de tomar un control mucho más significativo de su propio destino.

Fernando Bossi: «Otro mundo es posible», es la consigna del Foro Social Mundial. ¿Cómo usted se imagina ese otro mundo posible y sobre qué ejes se podría construir?

Noam Chomsky: A través de la historia ha sido cierto que «otro mundo es posible», y la posibilidad ha sido llevada a cabo consecuentemente, al menos en parte. Es por eso que no vivimos conforme a las reglas de reyes o señores feudales, o toleramos la esclavitud y otras prácticas inhumanas, y por qué hubo, con el tiempo, éxitos sustanciales en la extensión de la justicia y la libertad. Voces de privilegiados han proclamado periódicamente «un final de la historia» en una utopía de los amos, y siempre han probado ser incorrectas. No hay ninguna razón de por qué este largo proceso histórico debiera llegar a un final. Constantemente hay nuevos desafíos, pero gracias a las luchas de nuestros precursores, éstos pueden ser enfrentados a un nivel más elevado que antes. ¿Cómo? Si hubiera alguna fórmula mágica, alguien seguramente nos habría dicho sobre ella. Los únicos caminos conocidos son aquellos que han sido usados en el pasado, a menudo con bastante eficacia. De manera consistente, la libertad y la justicia no han sido regalos concedidos desde arriba, sino más bien derechos ganados desde abajo, por la lucha popular y el compromiso, tomando muchas formas diferentes, como el cambio de las circunstancias y de objetivos, sin una fórmula fija.

Incluso, aunque muy a menudo no haya sido claramente articulado, podemos, pienso, discernir que un principio fundamental que ha motivado a los participantes en estas luchas es que la autoridad y dominación y la jerarquía no se «autojustifican». Llevan una carga pesada de prueba. Deben demostrar que son legítimos, y si fallan en hacerlo, que es generalmente el caso, deberían ser desmantelados, como se ha hecho en el pasado. Hay un largo camino por andar en esta búsqueda de una existencia humana digna, y la oportunidad amplia de llevarla hacia adelante.

Fernando Bossi: La agresiva política exterior de los Estados Unidos se sostiene también sobre un apoyo significativo de su propia ciudadanía ¿es correcta esta afirmación?, de ser así ¿es posible en estos momentos revertir esa tendencia? ¿Qué rol ocupará en un futuro, según su criterio, el bloque Latinoamericano Caribeño de Naciones? ¿Qué valor estratégico le otorga a la unidad de países de América Latina y el Caribe? ¿Se concretará en el siglo XXI el sueño de Simón Bolívar?

Noam Chomsky: El término «tolerancia» es generalmente más exacto que «apoyo». Ha habido épocas de verdadero apoyo a la política extranjera: por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el apoyo es generalmente tibio, y tiene que ser despertado espantando a la población con las imágenes de demonios alrededor para destruirnos, alcanzando a veces proporciones que serían cómicas si los efectos no fueran tan trágicos. Por ejemplo, en 1985, cuando Reagan, temblando en sus botas de vaquero, declaró una Emergencia Nacional en el miedo por las hordas nicaragüenses que estaban solamente a dos días de viaje de Harlingen, Texas. Es bastante usual para el público oponerse a la política exterior, como en los casos que mencioné: Cuba e Irán. Y hay muchos otros. El abismo entre la opinión pública y la política pública es muy grande. Ambos partidos políticos están muy a la derecha de la población sobre una multitud de cuestiones primordiales, una razón de porqué las elecciones tienen que ser controladas de tal modo para evitar discusiones y enfocar en imágenes e ilusión. Las elecciones son controladas por las mismas instituciones que venden el dentífrico y automóviles con anuncios de TV, y mercadean a los candidatos de igual modo. Uno no espera aprender sobre una materia de un anuncio de TV, bien sea que lo que se esté mercadeado fuese un dentífrico o un candidato.

Hay poca duda que la tolerancia o el apoyo basado en el miedo fabricado pueden ser invertidos, como ha sucedido en el pasado. Pero tales acontecimientos no ocurren por sí solos. Requieren la acción concertada, y la solidaridad internacional - que, afortunadamente, en años recientes se ha elevado por entero a nuevos niveles, un desarrollo muy prometedor, simbolizado por los movimientos de solidaridad, los foros sociales, y mucho más.

Volviendo a América Latina, Centroamérica al menos temporalmente ha sido sometida por el terror Reaganita. México siempre ha sido sumamente volátil. En 1990, un Taller de Desarrollo de Estrategia de la América Latina en el Pentágono 1990 encontró que las relaciones estadounidenses con México eran «extraordinariamente positivas», aunque los participantes expresaran preocupaciones tales como que «una apertura democrática» en México podría poner a prueba la relación especial al llevar a la dirección un gobierno más interesado en «desafiar a Estados Unidos en los argumentos económicos y nacionalistas». Un objetivo primario del Tratado de Libre Comercio (NAFTA) era «encerrar a México» dentro de las reformas neoliberales de los años 1980, que tenían sus consecuencias habituales, de modo que incluso si una temida «apertura democrática» ocurriera, los esfuerzos populares para «desafiar a Estados Unidos sobre razones económicas y nacionalistas» serían impedidos según las obligaciones del tratado, y según las disposiciones económicas y sociales que NAFTA institucionalizaría. Pero aquella contienda está lejos de terminar.

Desde Venezuela a Argentina, América Latina ha estado sacudiéndose el control, y por primera vez desde las conquistas españolas está moviéndose hacia adelante en lo que podría ser la exitosa integración, un requisito previo para la independencia significativa. Ambos de los instrumentos tradicionales de predominio han estado perdiendo su eficacia: violencia y control económico. Y América Latina comienza a llegar a acuerdos en algunos de sus terribles problemas internos. Los siglos de predominio imperial dejaron las sociedades que en gran parte fueron separadas una de la otra, pero también bruscamente escindidas internamente, con una pequeña élite rica, típicamente blanca, orientados hacia el Oeste antes que a la región y con poco interés por la población nacional.

Los contrastes con el Asia Oriental en varias décadas pasadas son instructivos. América Latina es mucho más rica en recursos, pero se ha quedado muy atrás. Más bien generalmente, a partir de los años 1980 América Latina ha sido un estudiante fiel de las máximas neoliberales, y la vasta mayoría ha sufrido; Asia Oriental en gran parte no hizo caso de ellas, y se desarrolló. América Latina lidera al mundo en la desigualdad; Asia Oriental ha sido relativamente igualitaria. América Latina estaba más abierta a la inversión libre extranjera y a la importación de objetos de lujo para el rico, lo que algunos analistas han llamado «el encanto del extranjero». En Asia Oriental la inversión fue dirigida por la política nacional, que también insistió en la transferencia de tecnología, y las importaciones fueron enfocadas en bienes de capital para el desarrollo. El desarrollo económico latinoamericano permanece en gran parte concentrado en la exportación de bienes primarios, mientras Asia Oriental ha planificado su subida en la escala del desarrollo con la manufactura y avanzó en la tecnología en mucho mayor grado. Por estos y otros motivos el modelo de desarrollo ha sido drásticamente diferente.

Pero las cosas están cambiando. América Latina es el hogar de los movimientos populares más significativos del mundo. Hay un despertar de las poblaciones indígenas. Éstas son fuerzas poderosas para la democratización, justicia social, e independencia y progreso económicos. Por estos y muchos otros medios, Sudamérica se ha convertido en la región más apasionante del mundo. En parte como una consecuencia de su larga lucha contra la dominación extranjera, América Latina, en el pasado, ha conducido al mundo en el progreso hacia la justicia social y derechos humanos. El Nuevo Trato de Roosevelt estuvo inspirado en parte por la jurisprudencia latinoamericana liberal y la rebelión contra la autoridad impuesta. La Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es un punto significativo de referencia para el progreso, lejos todavía de alcance, pero no menos relevante en articular y en guiar las aspiraciones. Su enfoque sobre derechos sociales, económicos y culturales debe mucho a iniciativas latinoamericanas en la formulación de la Declaración. Las palabras pueden adquirir un significado más rico por las nuevas fuerzas sociales que están emergiendo. Los pasos hacia la integración están vacilantes, pero son prometedores: dos ejemplos, sólo hace pocas semanas, la Conferencia de Líderes Sudamericanos en Cochabamba y los pasos adelantados hacia un Parlamento Mercosur en Brasilia un poco después.

Los asuntos humanos son notablemente difíciles de predecir — por una razón, porque los resultados dependen fuertemente de la voluntad y la elección. Podemos mirar esto como un pronóstico optimista.

7 de marzo de 2008

NOAM CHOMSKY, POR FIN

El País, 06 Mar 2008


Llevaba semanas esperando este momento. Noam Chomsky se iba a sentar dos horas en uno de nuestros seminarios privados, dispuesto a contestar a todas las preguntas que tuviéramos tiempo de hacerle.

Noam Chomsky es sin duda la figura más conocida del MIT. Pero eso es decir poco.
Ha escrito más de 100 libros, revolucionó el campo de la lingüística al dotarla de carácter científico, es quizás el activista político más influyente del último siglo, y el octavo personaje más citado del Arts and Humanities Citation Index por detrás de (en este orden): Marx, Lenin, Shakespeare, Aristóteles, la Biblia, Plató y Freud.

¿Qué puedo decir yo de Noam Chomsky? Nada nuevo, por descontado. Se ha escrito tanto, que me parecería pretensioso e insensato intentar hacer un análisis de su obra y pensamiento.
Además, estoy seguro que entre vosotros habrá muchos que podéis opinar sobre él y completar mi limitado relato de los apuntes y sensaciones que dio de si el ansiado seminario del pasado martes.
Dedicamos la primera hora a hablar de lingüística, y la segunda de temas políticos.

La Gramática Universal
La gran aportación de Chomsky fue establecer que nacíamos con una predisposición innata al lenguaje, y que los principios gramaticales de todas las lenguas eran universales.
El lenguaje no era algo que se aprendía a partir de cero después del nacimiento. Ya llegamos a este mundo con un “órgano del lenguaje” en nuestro cerebro que nos permite entender y construir frases de forma instintiva.
Pero además, la estructura con la que construimos oraciones (gramática) sigue unas normas comunes en cualquier lengua que haya existido, y los niños la reconocen automáticamente.
Este innatismo revolucionó el campo de la lingüística, sentó las bases para estudiar el lenguaje de una forma científica, y dio una nueva perspectiva y cohesión a las ciencias cognitivas.
Nuestro cerebro al nacer dejó de ser considerado una tabla rasa modulada sólo por nuestras experiencias y aprendizajes.
Este es el punto en el que yo estaba particularmente interesado. La característica innata del lenguaje promulgada por Chomsky se ha utilizado reiteradamente como ejemplo para justificar la predisposición biológica de otras capacidades, como por ejemplo la moralidad. Y por algunas de sus lecturas e intervenciones, deducía que él no estaba del todo de acuerdo. Efectivamente, aunque sí defendía una cierta condición innata de la moralidad, según su criterio estábamos siendo víctimas de un Darwinismo-Pop que exageraba de sobremanera los condicionantes que la evolución ha ido tejiendo en nuestro cerebro.
Dejo esta opinión sobre la pantalla, y os animo a completar la ruda introducción que he hecho de una de las obras científicas más influyentes del siglo XX.

El imperialismo de Estados Unidos
Chomsky sigue el pie de la letra las peticiones que realizó en el influyente artículo “La responsabilidad de los intelectuales ”, que publicó en 1967.
Según él, los intelectuales están obligados a aprovechar su situación privilegiada para denunciar las mentiras de sus gobiernos y analizar las causas ocultas detrás de sus acciones. Y Chomsky no se queda corto.
Sus críticas a la política exterior de Estados Unidos son feroces. Durante el seminario dijo textualmente: “No nos damos cuenta de que somos el peor monstruo imperialista”; ”US es el país más temido y odiado del mundo”.
Repasó con acritud la situación política estadounidense, arrebató con fuerza contra los desastres generados por el capitalismo, y profundizó en su gran obsesión: La enorme distancia que existe entre las decisiones políticas y la opinión pública.
Según él, si nos imaginamos un mundo con democracia real, en el que todos los gobiernos actuaran acorde a lo que pensaran sus ciudadanos, no habría guerras. En ningún país más del 50% de sus habitantes decidiría enfrontarse de forma armada a sus vecinos. Si fuera la gente la que decidiera, el mundo sería más pacífico.
Dio otro ejemplo: lleva mucho tiempo establecido que la opinión pública de Estados Unidos está en contra del sistema de salud vigente, pero los políticos lo ignoran por las fuerzas económicas que les condicionan.
Sobre el proceso electoral, dijo que las campañas están diseñadas con las mismas técnicas que los anuncios de pasta de dientes, para inducir decisiones irracionales a un elevado número de consumidores.

Estas posiciones tan radicales y directas generan arduas críticas entre sus detractores, y alabanzas de sus fervientes seguidores.
Pero más allá de estar de acuerdo o no con sus polémicas opiniones (que también os incito a discutir), no se puede negar que Chomsky es un personaje con un magnetismo especial. Durante la sesión se mostró humilde, muy cercano, y entrañable. Prestaba mucha atención a nuestros comentarios, los escuchaba y valoraba.
Sin duda, para mi ha sido un verdadero regalo poder conversar con el carismático Noam Chomsky.
Y como siempre, un placer poder explicároslo.

http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/posts

1 de marzo de 2008

LOS INTELECTUALES (¿críticos o servidores del poder?), N. Chomsky

Por Heinz Dieterich Steffan


El lingüista y ensayista norteamericano reflexiona sobre el papel que sus colegas cumplen cuando, en lugar de ejercer la crítica social y política, pasan a formar parte del gobierno de un país. Cita como ejemplo experiencias que se desarrollaron en distintas épocas en los Estados Unidos, entre ellas la administración de John Fitzgerald Kennedy, quien reunió a su alrededor a brillantes figuras del mundo cultural y artístico. En general, los resultados fueron negativos. Temerosos de equivocarse, cautivos de su prestigio, los cerebros más destacados de una nación, convertidos en funcionarios, demostraron una nociva rigidez.

Bertrand Russell y Noam Chomsky conformaron, desde los años 60, un triunvirato de abanderados de la ética que, como una conciencia de la sociedad global, se pronunciaba y actuaba en defensa de la causa de los pobres y de los excluidos del sistema mundial. Al morir sus "compañeros de armas", Chomsky mantuvo su postura crítica frente a las injusticias y abusos contra los indefensos y continuó luchando por una verdadera democracia con participación de las mayorías. Desde su experiencia de toda una vida al servicio de los movimientos sociales, el prestigioso pensador estadounidense aclara el papel que deben ocupar los intelectuales en la vida de la sociedad.

-¿Cómo defines a un intelectual?
-Desde cierta perspectiva, un intelectual es simplemente toda persona que usa su cerebro. Todo el mundo usa su cerebro, por supuesto, pero, más allá de ese uso necesario para la supervivencia, hay actividades que se refieren a la opinión pública, a asuntos de interés general. Yo no llamaría intelectual a alguien que traduce un manuscrito griego, porque hace un trabajo básicamente mecánico. Hay quizás pocos profesores que puedan llamarse verdaderamente intelectuales. Por otra parte, un trabajador del acero que es organizador sindical y se preocupa por los asuntos internacionales puede muy bien ser un intelectual. Es decir, la condición de intelectual no es el correlato de una profesión determinada. Hay alguna relación entre gozar de ciertos privilegios y tener posibilidades de actuar como un intelectual. No es una relación muy fuerte, porque mucha gente privilegiada no hace nada que pueda considerarse de mérito intelectual y, por otra parte, mucha gente sin privilegios es muy creativa, reflexiva y de amplios conocimientos.

-¿Qué entiendes por "variante leninista" de los intelectuales?
-En los años 60 escribí un libro sobre los intelectuales, titulado American Power and the New Mandarins. La expresión "los nuevos mandarines" no fue un invento mío. Yo la tomé de Ithiel de Sola Pool, jefe del Departamento de Ciencias Políticas del Massachussets Institute of Technology (MIT), quien escribió un artículo en el cual se caracterizó a sí mismo y caracterizó a sus cohortes, con orgullo, como los nuevos mandarines. Esto fue justo al inicio del gobierno de John F. Kennedy. Cuando Kennedy asumió la presidencia, se suponía que se inauguraba una nueva era de las luces. Toda clase de intelectuales de Cambridge fue para allá; algunos para convertirse en miembros del gobierno, otros para ser asesores y otros para almorzar con Jackie Kennedy. Efectivamente, lograron un grado de poder de decisión que es inusual. Si comparas, por ejemplo, la camarilla gubernamental de Eisenhower con la camarilla de Kennedy, en la segunda había más personas que serían consideradas como intelectuales públicos o científicos políticos. Tenían varios nombres para describirse. Uno que usaban con orgullo era los "nuevos mandarines". A partir de ese momento, inteligencia y conocimiento iban a servir y ejercer el poder, cosa que se haría de manera apropiada. También se describieron como "intelectuales de acción" (action intellectuals), porque no eran simplemente académicos de la torre de marfil. Se consideraban intelectuales brillantes que iban a comprometerse en los asuntos reales del mundo. Se trataba, esencialmente, de intelectuales liberales, es decir, en términos europeos, una especie de socialdemócratas. Y bueno, esto no era tan nuevo como ellos pensaban. Durante la Primera Guerra Mundial había sucedido algo semejante. El presidente estadounidense Woodrow Wilson fue electo en 1916 con una plataforma electoral que, bajo el lema "Paz sin victoria", prometía mantener a los Estados Unidos fuera de la guerra y negociar la paz entre las potencias en conflicto. Sin embargo, muy rápidamente se puso a trabajar para que los Estados Unidos participara en la conflagración, y como la población estadounidense no quería entrar en la guerra, fue necesario generar una histeria chauvinista entre la población y crear un odio contra todo lo que fuera alemán. Eso se hizo con un éxito notable, en parte mediante una agencia de propaganda del Estado creada por Woodrow Wilson, que contaba con respetados intelectuales como Walter Lippman, que durante mucho tiempo había sido un analista serio en los medios. Los responsables e intelectuales serios, particularmente los del círculo de John Dewey, se describían, y lo hacían con mucho orgullo, en términos semejantes a los que años más tarde usarían los "nuevos mandarines". Decían que era la primera vez en la historia que se había colocado la inteligencia al servicio del ejercicio del poder y que un país había entrado en una guerra, no bajo la influencia perniciosa de líderes militares, traficantes de armas y hombres de negocios interesados en recursos, sino bajo la influencia de los hombres inteligentes de la comunidad, que entendían profundamente la necesidad de ir a la guerra y que habían logrado convencer de esa necesidad a la población, mediante el uso de la inteligencia y de la manipulación. En los años siguientes, gente como Walter Lippman, que había formado parte del Comité de Propaganda, escribió ensayos sobre la democracia que fueron considerados progresistas. Basándose en su experiencia, enfatizó la necesidad de que la gente responsable fuera protegida de la población general, que él describía como una "manada sin orientación". Todo esto tiene una especie de sabor a leninismo. Los "responsables", que se autodefinen como intelectuales tecnocrática y políticamente orientados, son muy semejantes a un partido de vanguardia. Y las doctrinas son muy similares. El partido leninista de vanguardia va a empujar las estúpidas masas hacia adelante, hacia cosas maravillosas. En el libro American Power..., yo comparé un discurso de Robert McNamara con un discurso inspirado por la doctrina leninista a secas. Son muy semejantes. La única diferencia es que McNamara habla de vez en cuando de Dios, pero la idea básica es esencialmente la misma.

-¿Deben participar los intelectuales en el poder?
-Eso depende de la integridad del intelectual. Si quieres mantener tu integridad, generalmente serás crítico, porque muchas de las cosas que suceden merecen críticas. Pero es muy difícil ser crítico, si uno forma parte de los círculos de poder. Por lo general, la mejor posición para un intelectual es estar comprometido con las fuerzas populares que tratan de mejorar las cosas. Pero ése es el tipo de intelectuales que, como el socialista estadounidense Eugene Debbs, terminan en la cárcel.

-¿Qué opinas de la idea griega de que los filósofos, por sabios, deben gobernar?
-Es una idea tremendamente peligrosa, tanto en su variante leninista como en la variante occidental del intelectual tecnocrático, orientado hacia el ejercicio del poder, o en cualquier otra variante que hemos visto en la historia, como el ejemplo reciente de las castas sacerdotales en el poder.

-¿Los intelectuales en el poder son peligrosos?
-Cuando los intelectuales públicos y académicos se congregaron en Washington con Kennedy, extremadamente entusiastas y orgullosos de sí mismos, mi visión fue que eso iba a ser un desastre total, porque la lección histórica respectiva es muy clara. Ese tipo de gente es muy arrogante. Creen saberlo todo y son muy peligrosos cuando se acercan al poder. Las razones son obvias. Si cometen un error, tienen un serio problema, porque sólo se les ha dado un puesto en el poder por su supuesta inteligencia y su competencia. Entonces, ¿cómo pueden cometer un error? Por eso, tienden a perseverar en sus errores, en insistir en que ellos tenían razón. El panorama cambia con gente, digamos, como Averell Harriman, que durante toda su vida tuvo cargos en el gobierno. Su poder derivaba del hecho de que su padre y su abuelo habían construido ferrocarriles. Eran ricos, formaban parte de la aristocracia. Bien, él no necesitaba justificar su lugar en el poder. El tenía poder. Si cometía un error, podía cambiar de opinión sin mayor problema. Pero en los intelectuales hay una tendencia casi natural a ser muy rígidos; no sólo son arrogantes sino también doctrinaristas.

-¿Los estándares morales de un intelectual deben ser más altos que los de una persona común, porque tiene más acceso al poder?
-Cuanto mayores sean tus privilegios y autoridad, mayor será tu responsabilidad moral, porque las consecuencias predecibles de tus actos serán también mayores. En la medida en que la gente que se dice intelectual, séalo o no, sea capaz de influir y decidir sobre condiciones que determinan los acontecimientos reales, en esa medida, su responsabilidad crecerá.

-¿Cuál es el estado actual de los intelectuales?

-Muy semejante al de siempre. Los intelectuales son quienes escriben la historia, los que presentan las imágenes del presente y del pasado. Para ser más preciso, me refiero a los intelectuales que se llaman "intelectuales responsables". Los disidentes no escriben la historia. Por ejemplo, Walter Lippman se describía orgullosamente como uno de los "hombres responsables". Eugene Debbs, el personaje principal del movimiento obrero estadounidense, candidato a la presidencia por el Partido Socialista y un crítico de la Primera Guerra Mundial, estaba en la cárcel. Y a Walter Lippman nunca se le ocurrió preguntarse ¿por qué soy yo una persona responsable y Eugene Debbs está en la cárcel? ¿Soy yo más intelectual que él? Y la respuesta es no, están simplemente de diferentes lados de la barrera. Si estás del lado del poder y de la autoridad, puedes entrar en el círculo de los intelectuales responsables. Si eres un crítico y un disidente, la tendencia es que te traten duramente. No quiero decir que la historia sólo ha sido escrita por apologistas. No sería exacto decirlo así. Pero hay una tendencia en esa dirección. Incluso la imagen de cómo actúan los intelectuales tiende a ser halagadora y narcisista. Por lo tanto, creo que hay una ilusión acerca de cómo han actuado en el pasado los intelectuales. Ha habido tiempos en que el grado de influencia sobre el público general de los intelectuales -intelectuales en el verdadero sentido de la palabra- fue extraordinario, esos momentos de fermento, períodos revolucionarios, como el de los levellers en la revolución inglesa o los años sesenta del siglo XX. Pero la mayor parte del tiempo, los intelectuales son aduladores del poder. La situación usual es la de la Primera Guerra Mundial, cuando los intelectuales, en ambos lados, estaban alineados y al servicio del poder. Eran entusiastas apologistas de su Estado: los alemanes por Alemania, los ingleses por Inglaterra y los franceses por Francia. Hubo algunas excepciones, pero muy pocas y terminaron en la cárcel. Bertrand Russell, por ejemplo, en Inglaterra; Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo en Alemania y Eugene Debbs en Estados Unidos. Sin embargo, la mayoría de los intelectuales son servidores del poder.

México, 2001 El Universal y LA NACION

27 de febrero de 2008

CHOMSKY CONTRA FOUCAULT, 35 AÑOS DESPUES

27-11-2006

Darwin Palermo

Ladinamo/sinpermiso.info

Se cumplen ahora 35 años del famoso debate filosófico entre Noam Chomsky y Michel Foucault retransmitido por la televisión holandesa en noviembre de 1971. Darwin Palermo recuerda su importancia, política y filosófica.

Chomsky sobre Foucault: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.

En noviembre de 1971, la televisión holandesa transmitió un coloquio entre Noam Chomsky y Michel Foucault, cuya transcripción íntegra publicará en breve la editorial argentina Katz bajo el título La naturaleza humana: justicia versus poder (existía una versión parcial anterior, de 1976, que publicó la editorial valenciana Teorema). El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético.

En efecto, mientras Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así), Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista: “El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”. Veinte años después Chomsky recordaba así a Foucault: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.

La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta).

Y, peor todavía, no hace mucho el propio Chomsky manifestaba el asombro que le producía la difusión de estas teorías ya no en esos extraños invernaderos intelectuales que son las universidades norteamericanas, sino en países no occidentales aquejados de males bastante más serios que el fin de los metarrelatos o la microfísica del poder: “En Egipto existe una comunidad intelectual muy dinámica y cultivada, formada por personas muy valientes, que pasaron años encarceladas bajo el régimen de Nasser, que fueron torturadas casi hasta la muerte y que consiguieron salir para continuar luchando. Pero actualmente, en el conjunto del Tercer Mundo, abundan la desesperación y el desánimo. La forma en que todo esto se manifestaba en Egipto, entre los medios vinculados a Europa, consistía en sumergirse completamente en las últimas locuras de la cultura parisina y concentrarse absolutamente en ellas. Así, cuando daba conferencias sobre la situación actual, incluso en institutos de investigación dedicados al análisis de problemas estratégicos, los asistentes querían que eso se tradujera en términos de jerga postmoderna. Por ejemplo, en lugar de pedirme que hablara de los detalles de la política norteamericana o de Oriente Medio, donde ellos viven, algo demasiado sórdido y falto de interés, querían saber cómo la lingüística moderna brinda un nuevo paradigma discursivo sobre los asuntos internacionales que sustituirá al texto postestructuralista. Esto era lo que les fascinaba y no lo que revelaban los archivos ministeriales israelíes sobre su planificación”.

* Darwin Palermo escribe regularmente en el periódico digital alternativo Ladinamo

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=42043