2 de abril de 2008

Pobreza de la Investigación científica y educacional en Chile.

Por Mauricio Farías, jefe del Departamento de Estudios y Desarrollo del Mineduc

Investigación educativa en Chile

En Chile sabemos que la investigación, en general, es un ámbito débil. Mientras los países de la OCDE invierten en promedio 2,2% del PIB en I+D, nuestro país en la actualidad invierte sólo 0,7%.

La educación es uno de los caminos más importantes para el desarrollo de las naciones y de las personas en particular. Para los países es uno de los ejes clave para construir una sociedad más equitativa y obtener un mayor crecimiento económico. Para las personas, permite el desarrollo integral de las potencialidades mejorando su bienestar y ampliando sus horizontes. Sin embargo, la "producción" educativa es un proceso complejo en el que intervienen una variedad de actores y elementos, siempre en contextos diversos. Los países han desarrollado grandes esfuerzos para mejorar su provisión de educación con resultados heterogéneos.

Para lograr avances concretos en la forma en que se provee educación resulta evidente la importancia de aplicar políticas efectivas. La creación, gestión y aplicación del conocimiento son esenciales en el proceso de diseño y toma de decisiones de política educativa. Al mismo tiempo, cada vez existe una mayor necesidad de contar con evidencia que justifique que los recursos se están ocupando de manera adecuada y que las políticas e iniciativas que con ellos se desarrollan están generando los impactos esperados. Por último, el acceso a este conocimiento desde los distintos actores -docentes, directores, sostenedores, padres y apoderados- aparece como un objetivo altamente deseable para que este conocimiento alcance también a los educandos y para que las nuevas metodologías educativas sean aplicadas correcta y eficazmente por los educadores.

En los últimos años se llevan a cabo a nivel mundial una serie de acciones para fortalecer la investigación y el desarrollo en educación. En Estados Unidos se creó el Instituto de las Ciencias de la Educación, una entidad dedicada a proveer evidencia rigurosa sobre la cual fundamentar las prácticas educacionales y la política. Aparecen también instancias de intermediación entre la investigación y los usuarios. En Europa, la OCDE realiza sendas investigaciones a cinco países (Nueva Zelandia, Inglaterra, México, Dinamarca y Suiza) sobre sus políticas de Investigación y Desarrollo en Educación (I+DE). La publicación de los reportes de estos estudios así como de diversos documentos relacionados generan un fuerte movimiento en otros países para fortalecer sus políticas de investigación en educación (destacable es el caso de Islandia).

En Chile sabemos que la investigación, en general, es un ámbito débil. Mientras los países de la OCDE invierten en promedio 2,2% del PIB en I+D, nuestro país en la actualidad invierte sólo 0,7%. Otro dato interesante es que en Chile existen sólo 1,5 investigadores por cada mil habitantes laboralmente activos, mientras en España son 3,9 y en Finlandia 10,7.

Si nos enfocamos en el ámbito de la educación, el panorama no era muy bueno. El 2003 Brunner y Elaqua (Informe Capital Humano en Chile) señalaban que "Chile está invirtiendo a ciegas en educación si no cuenta con el apoyo que la evidencia científica y el conocimiento podrían prestar a las políticas". Al mismo tiempo, el informe de la OCDE (2004) sobre la política educativa chilena señalaba que existen distintos problemas en este ámbito como: distancia entre investigación y uso de resultados; débil comunidad de investigadores; débil formación de docentes en ámbitos de investigación; y demasiada permeabilidad de la opinión pública en la toma de decisiones.

Hoy, el país está desarrollando fuertes iniciativas para el fortalecimiento de la I+DE, como la creación de centros avanzados para la investigación en educación, los anillos de investigación en ciencias sociales (varios de ellos en educación) o las becas para post-grados para profesionales de la educación por Conicyt; la inversión en evaluación de programas desde la Dipres y el Programa para el Fortalecimiento de la Investigación en Educación que dirige el Mineduc. Mediante este último, por ejemplo, se ha creado en 2006 el Fonide (Fondo para la Investigación y Desarrollo en Educación), que entre su primera y segunda versión ha financiado un total de 28 proyectos que traen nueva e importante información para la toma de decisiones. En marzo de este año se ha abierto la tercera convocatoria, consolidando esta iniciativa que promueve un espacio interdisciplinario, independiente y sistemático de reflexión en torno a los temas educacionales, de gran importancia para nuestra sociedad, dando la posibilidad de consolidar una masa crítica y crear puntos de encuentro, que son clave en la generación de un proyecto país.

Chile está avanzando a paso firme en generar musculatura para la I+DE. Estos esfuerzos deben continuar si queremos contar con suficiente evidencia para el diseño de políticas educativas más efectivas.

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