11 de julio de 2008

MERCANTILISMO Y DESENCANTO EN LA SOCIEDAD. SOBRE LA ENCUESTA CEP


La desesperanza

A ningún ministro, parlamentario, candidato o asesor le da vergüenza que quiebran universidades o se cierran carreras universitarias, y se echa a cientos de estudiantes a la calle, sin que a nadie le importa nada. Ernesto Ottone, encargado de la oficina política del ex Presidente Lagos y alto funcionario de la CEPAL, declara en un seminario que la educación gratuita universitaria ‘’no es una religión’’ e incluso puede ser regresiva.

Por Santiago Escobar Sepúlveda

La encuesta de opinión del Centro de Estudios Públicos conocida el día de ayer es el primer apronte electoral duro entre los posibles candidatos a la elección presidencial del año 2009. Pero sus resultados también admiten otra lectura. Son una prueba contundente del escepticismo y desesperanza que empieza a predominar en la ciudadanía, y que podría madurar de un modo impredecible.

Dos son las cifras que conmueven en este sentido. La primera es la relativa a la situación económica que oscila entre la resignación y la crítica. El 45% la califica de mala o muy mala, el 41% señala que no es ni buena ni mala, y el 54% que dice que no cambiará. Pese al enorme esfuerzo de gasto público social del actual gobierno.

La segunda se relaciona con la identificación política. El 52% de los encuestados dice que no se identifica ni con la Concertación, ni con la Alianza ni el Juntos Podemos. Es decir la izquierda y la derecha unida sí son vencidas por la desafección política.

Por cierto no se trata ni de una crisis social ni tampoco de un antagonismo profundo frente a las desigualdades. Simplemente expresa, a mi juicio, un malestar profundo y larvado frente a la política, a lo que ella ofrece como programa, que la deja desnuda en su juego de cálculo instrumental, muy lejos de lo que la ciudadanía está pensando o sintiendo.

Sin embargo sería erróneo pensar que ello se remedia con un reencantamiento programático de la gente por parte de la política tradicional. Los síntomas corresponden a un mal más profundo, que en lo esencial remite a los abusos que las desigualdades del sistema han instalado, y que el estado de derecho vigente es incapaz de contener o equilibrar.

En el momento mismo de la discusión nacional de la Ley General de Educación, con movilizaciones estudiantiles y gremiales de por medio, a las cuales pocos prestan atención, quiebran universidades o se cierran carreras universitarias, y se echa a cientos de estudiantes a la calle, sin que a nadie le importa nada. No tiene consecuencias políticas que los establecimientos educacionales, a vista y paciencia de las autoridades, hayan enganchado a miles de estudiantes con publicidad engañosa, muchos de los cuales sus familias contrajeron deudas o hipotecaron bienes para costear los estudios.

A ningún ministro, parlamentario, candidato o asesor le da vergüenza que ello ocurra en el país que gobiernan o han gobernado. Ernesto Ottone, encargado de la oficina política del ex Presidente Lagos y alto funcionario de la CEPAL, declara en un seminario que la educación gratuita universitaria “no es una religión” e incluso puede ser regresiva.

La pregunta obvia es ¿regresiva para quién? ¿Para los más pobres tal vez? Tales frases son la expresión más ideologizada de la teología del mercado, es decir, son “pura religión”. Y sirven para argumentar en la búsqueda del consenso legislativo en torno al concepto de lucro mientras el mercado ya se devoró la educación pública de calidad.

Situaciones como esa son las que transforman a la política en algo excéntrico a la gente. Porque la transforman en un ejercicio al margen del mundo real, mientras las reivindicaciones de derechos sociales aparecen como memorias nostálgicas impropias de un mundo globalizado.

Lo que ocurre en educación, tema fundamental según la encuesta CEP, también ocurre en la cadena de abusos laborales, que va más allá del problema de la subcontratación y toca la esencia misma del cálculo salarial. Bien saben las grandes cadenas de retail que su expansión tiene el subsidio oculto de cálculos salariales hechos a bases de comisiones y no de un sueldo asegurado como derecho, entre otras muchas situaciones. Lo mismo ocurre con las cuentas de servicios de electricidad, gas, telefonía o la venta de seguros, o el uso de las vías concesionadas o, ¿para qué seguir?

La pregunta que anda flotando en el aire y que está implícita en la encuesta del CEP es ¿quién nos representa en este cuadro? Este también es un dato duro de ella que puede dar al traste con más de un cálculo electoral actual, y que los eventuales candidatos, y también los que no lo son, debieran responder de manera seria. Porque lo que está en juego, aunque la encuesta CEP no lo explícita, es la legitimidad del sistema democrático, pues la ciudadanía está enferma de desesperanza.

EL MOSTRADOR.CL

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