2 de agosto de 2008

¿QUE ESTA CAMBIANDO EN CUBA?



Fernando Ravsberg
BBC Mundo, La Habana

El general Raúl Castro cumple dos años al frente de Cuba, aunque, para hacerle justicia, hay que decir que su gobierno sólo tiene cinco meses, contando desde su elección por la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), el pasado 24 de febrero.

Para analizar objetivamente su actuación, habría que dividirla en tres etapas, una que va desde el 31 de agosto del 2006 hasta finales del año; otra que se extiende desde el 2007 hasta su elección parlamentaria y, la tercera, desde ese día hasta la actualidad.

La primera etapa estuvo marcada por la sorpresa y en ella el mayor logro fue mantener las cosas como estaban: la dirección política unida, el país funcionando, la población tranquila y a los estadounidenses quietos. De una u otra forma, todo eso lo consiguió. Para los primeros objetivos contó con dos apoyos, el respaldo de su hermano y su propia habilidad para repartir responsabilidades y, por lo tanto, poder. A los estadounidenses les propuso diálogo y los dejó meses tratando de descifrar el trasfondo de la oferta.

El país real

Pasada la sorpresa, y comprendiendo que su estancia en la primera magistratura no sería temporal, empezó a sentar las bases de su gobierno.

Campesino con bueyes
Se planea distribuir el 50% de las tierras cultivables.
El primer paso parece haber sido sacar a flote al país real, primero en privado y, después, ante el gran público.

Pidió a los secretarios provinciales del Partido Comunista (PCC) y a los dirigentes de grandes empresas que le enviasen críticas al funcionamiento del sistema en sus respectivas áreas de trabajo y propuestas concretas para solucionar los problemas.

"A vuelta de correos" llegó una verdadera avalancha de opiniones que reflejaban las incoherencias de un sistema económico regido por criterios políticos, en el que todo se estructura sobre la base de un modelo ideológico. Los cambios tenían que ser de fondo, y así lo anunció el 26 de julio de 2007, poco antes de iniciar un debate nacional que hizo públicas las críticas de la población y, sobre todo, le dio el apoyo político necesario para iniciar las futuras transformaciones.

Oposición

Sectores ortodoxos trataron de limitar el debate, pero el general salió inmediatamente a la televisión para decir que no habría temas prohibidos, y, además, les pidió a sus conciudadanos que fueran "valientes" a la hora de expresar sus ideas.

Si algo hemos aprendido bien es que el tiempo pasa velozmente. Desperdiciarlo por inercia o vacilación es una negligencia imperdonable
Raúl Castro
A partir de ese momento, los dirigentes no tuvieron paz. El presidente del parlamento lo sufrió en su propia carne cuando, en una reunión -cuyo video fue publicado por BBC Mundo- jóvenes estudiantes comunistas le reclamaron trasformaciones en el sistema.

En realidad, toda la población pedía cambios. Por todas partes se repetían las mismas protestas contra los bajos salarios, la doble moneda, los problemas del transporte, la escasez de viviendas y -algo que no podía faltar entre cubanos- la necesidad de centros de recreación.

Cambios dentro del sistema

Cuando Raúl Castro recibió los 1,2 millones de críticas de los ciudadanos debe haberse sentido muy tranquilo. Las reformas que le pedían no eran políticas, sino económicas y la mayoría de ellas perfectamente realizable dentro de un socialismo reformado.

Supermercado
El aumento mundial de los precios afecta también a Cuba.
Esta percepción fue confirmada por una encuesta clandestina hecha en Cuba, este año, por el Instituto Nacional Republicano de EE.UU.

Sólo el 8,9% de los cubanos consultados le daban prioridad la falta de libertades políticas, mientras el 43% centraba su atención en los problemas económicos.

Por otra parte, los disidentes -20.000, según la opositora Marta Beatriz Roque- no tienen la fuerza ni la influencia social para presionar por la apertura política, mientras que China y Venezuela, los principales socios económicos de Cuba, apoyan abiertamente el sistema.

Así las cosas, el general Raúl Castro llegó al 24 de febrero de 2008 listo para emprender los cambios económicos que la gente reclamaba: la reforma agraria, las mejoras salariales y la eliminación de prohibiciones, entre los más importantes.

Reformas en marcha

Sin lugar a dudas, la de mayor trascendencia será la reforma agraria, ya que se planea distribuir entre los cubanos el 50% de las tierras cultivables y, sobre todo, porque cambiará la estructura organizativa del campo cubano, basada hasta ahora en las granjas-koljos estatales.

Autobús
Un logro de las reformas es el sistema de transporte público.
Hoy, el 80% de las tierras cultivables está en manos de estas granjas.

Cuando culmine el proceso de entrega de tierras, el 70% del total estará en manos de cooperativas y pequeños campesinos, unos propietarios y otros usufructuarios gratuitos.

Pero no se trata sólo de tierras. Según agencias de prensa extranjeras, también se abrirán líneas de crédito para poder iniciar, continuar o ampliar las siembras.

Al parecer Venezuela e Irán facilitarían los créditos para este primer impulso.

Con la liberación de los topes salariales -según los cuales, por mucho que se trabajara no se podía ganar más- empieza la recuperación del poder adquisitivo del salario. Además se trata de un crecimiento ligado a la productividad.

Redefiniciones

La justicia social que se pretendía alcanzar con los "topes" terminó restando incentivos al trabajador y, según Raúl Castro, benefició a los "vagos".

Socialismo es igualdad de derechos y de oportunidades, no de ingresos
Raúl Castro

El nuevo presidente redefinió el concepto: "Socialismo es igualdad de derechos y de oportunidades, no de ingresos".

Y ese reconocimiento de la diferencia de ingresos de la población lleva a otra de sus medidas: la eliminación de prohibiciones -ingreso a hoteles; posesión de celulares y electrodomésticos- instauradas hace años para impedir que los "nuevos ricos" disfruten más que el "pueblo".

Los miles de celulares, motos y DVD vendidos, y las 10.000 habitaciones reservadas en los hoteles, implican ingresos extras para el Estado que podrán utilizarse en la promoción del resto de las reformas, nuevas casas, mejoras salariales o más autobuses. Justamente, el transporte es uno de los grandes logros del gobierno. Sólo en la capital, la incorporación de cientos de buses nuevos, durante los últimos 2 años, permitió duplicar -de 450 mil a 846 mil- el número de pasajeros transportados diariamente.

Los viajes interprovinciales mejoraron también sustancialmente con la incorporación de autocares de turismo, al tiempo que se importaron decenas de locomotoras chinas para aumentar la capacidad ferroviaria. Un proceso que continuará en los próximos años.

Los retos

La burocracia y la ortodoxia parecen ser los peores enemigos del proyecto de Raúl Castro.

Fábrica de tabaco
Por ahora las reformas han sido más económicas que políticas.
Ambos males se alimentan del inmovilismo y cualquier cambio en el sistema los afecta, por lo que el gobierno necesitaría neutralizarlos para avanzar más en las reformas.

De ahí que el próximo gran paso -planificado para 2009- sea el Congreso del PCC, que en su calidad constitucional de "órgano rector de la sociedad", deberá avalar y, por lo tanto, institucionalizar las reformas emprendidas por su segundo secretario.

Es difícil saber lo que ocurrirá en el futuro.

Raúl Castro enfrenta otros retos no menos importantes, entre ellos, la palpable apatía de una parte creciente de la población o la cada vez mayor emigración de los jóvenes profesionales. También el aumento de los precios de los alimentos en todo el mundo agravará los problemas en Cuba, más aún por cuanto ya los ciudadanos se ven obligados a comprar gran parte de ellos en divisas, y con un 240% de impuesto, el IVA más alto del mundo.

Soluciones

Sean cuales fueren las soluciones que el nuevo gobierno quiera aplicar, deberá hacerlo rápido. De lo contrario, la expectativa creada en la población podría convertirse en desaliento. La participación de cinco millones de cubanos en los debates no es un cheque en blanco. El general Raúl Castro parece comprenderlo. En su discurso del pasado 26 de julio, expresó: "Si algo hemos aprendido bien es que el tiempo pasa velozmente. Desperdiciarlo por inercia o vacilación es una negligencia imperdonable".

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