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20 de julio de 2008

EL MERCADO LABORAL CHILENO: NUEVAS TENDENCIAS



La industria automotora local morirá formalmente la próxima semana: el 31 de julio General Motors cerrará su fábrica de camionetas en Arica, poniendo fin a un sector que llegó a dar trabajo a más de 10 mil personas en su apogeo. No es el único caso de oficios que están desapareciendo en nuestro país, mientras -en la vereda contraria- otras ocupaciones están entrando con fuerza. En esta transformación del mapa del empleo en Chile influyen políticas nacionales, la evolución económica y el uso de la tecnología. Qué Pasa investigó esos cambios. Estos son los resultados.

Por Bárbara Harris
Colaboración Andrew Chernin

Las cifras hablan por sí solas. En Chile hoy existen más guardias de seguridad (98.500) que operarios de la industria textil (36.100). Además, de los 27.692 zapateros y trabajadores del cuero que había en 1992, actualmente sólo quedan unos 8.000. Y en estos días también hay más gente trabajando en servicios de la entretención (105.000) que como pescadores (60.000).

Cambios como ésos se han ido acumulando en el tiempo. En los años 70, factores como el aumento del ingreso medio y la liberalización comercial marcaron un hito en el mercado laboral, donde el poder de los productos a bajo precio de Oriente golpeó fuerte a la industria local, como la textil, y a los oficios tradicionales. Una década después, el auge de los servicios y el comercio hizo que cientos de trabajadores agrícolas e industriales se trasladaran hacia esos sectores en busca de mejores oportunidades. En los 90, en tanto, el requerimiento de trabajadores cada vez más especializados generó una explosión de las carreras técnicas, tendencia que no ha desaparecido: desde el 2000, esta demanda se incrementó en un sorprendente 74%, especialmente en puestos donde mandan la informática y las telecomunicaciones. A ello se sumó, en las últimas décadas, la irrupción de la mujer en el mercado laboral, principalmente en servicios financieros.

Éstas y otras situaciones han modificado el mapa del empleo en Chile y su mercado de 6.6 millones de trabajadores. "La escolarización, feminización y rotación son las principales características del nuevo mercado laboral", señala el ex ministro del Trabajo, Ricardo Solari. A continuación, las principales tendencias de este cambio.

El comercio, nuevo mayor empleador

La gran sorpresa de las dos últimas décadas es el comercio. Entre 1986 y 2006, el número de empleados en este sector varió en un 16,7%, según datos del INE. Una característica importante de esta expansión, según la vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Santiago, Verónica González, fue el ingreso de más jóvenes y mujeres al trabajo, a través de empleos temporales y flexibles, como los de promotores.

Actualmente, las cadenas de retail son las mayores empleadoras de Chile y donde se verifica una fuerte profesionalización en la mayoría de los cargos. "Se han creado gerencias de servicio al cliente, de abastecimiento y de compras. Antes estaban en manos del área de administración y finanzas, pero hoy se han independizado", señala Aldo Sepúlveda, director regional de Adecco. Nació así la figura del KAM (Key Account Manager), quien "palm" en mano maneja presupuestos, logística y demanda.

Con el crecimiento del retail, surgieron también demandas adicionales y, con ello, nuevos puestos. Ejemplos son el analista financiero y el previsionista de riesgos, cargos que aparecieron recién en los 90.

Casi el doble de cocineros

Siguiendo en el sector comercio, alrededor del 15% del empleo allí corresponde a hoteles y restaurantes (190.000), que en el 2006 superaron, por ejemplo, a la categoría de fabricantes de maquinaria y equipos (136.000), siendo que diez años antes ambos eran similares. Esto se explica por la mayor disposición de la gente a gastar en restaurantes y hoteles, además del auge del turismo. ¿Resultado?: los cocineros, ahora profesionales gastronómicos, pasaron de 74.620 en 1992 a 128.000 en 2006, según el Censo y la Casen.

El "invento del siglo" remece al mercado: el computador

Llamado el "invento del siglo", el computador revolucionó al mundo. Según datos del Ministerio de Educación, los matriculados en las áreas tecnológicas de universidades e institutos representaron el mayor porcentaje de alumnos de educación superior en 1990, con 67.100 matriculados. El 2006 ocurrió lo mismo, con 166.969 inscritos. Aquí destacan los analistas programadores, los administradores de redes y los ingenieros informáticos, siendo esta última carrera una de las más demandadas desde 1997 al 2000 en institutos y centros de formación técnica.

Según un estudio de Cisco, actualmente la escasez en Chile de profesionales vinculados a la conectividad y las redes asciende a un 36%, mientras que en el 2010 esta demanda excederá a la oferta en un 43%, lo que significa una carencia de 8.200 de estos profesionales.

Se buscan técnicos y especialistas

El primer celular de la historia, creado en 1983, pesaba casi un kilo y costaba US$4.000. Impulsado por el "si llama, paga" y una guerra comercial sin precedentes, hoy este aparato es tan masivo que en Chile hay casi uno por persona: 14,6 millones de móviles. Este crecimiento se refleja también en el empleo, siendo el sector con mayor demanda el 2007, con un 13,4% del total según Trabajando.com. Esto se explica, según Juan Pablo Sweet, gerente general de esta firma, porque se "generó un cluster muy importante de telefonía móvil con internet, banda ancha y TV cable; y todo esto involucra a vendedores de celulares y áreas de servicios".

En todas esas áreas, el rey es el técnico. Con la llegada de la TV cable, por ejemplo, han surgido nuevos empleos como el de Ingeniero de soporte de TV. Con la llegada de la televisión digital, esta tendencia podría profundizarse. Según un estudio de Trabajando.com, entre 2000 y 2007 la demanda por técnicos aumentó en 74%. "Áreas que no requerían mano de obra especializada, ahora buscan mayor profesionalización", señala Sweet. Esta demanda apunta hacia todos los sectores e incluso hay trabajos tan peculiares como el de técnico en refrigeración de la madera para el sector forestal.

La especialización se ha tomado también las áreas de logística y gestión, cuenta Birgit Nevermann, gerente de Laborum Selección. Y ha creado nuevos cargos. Hace 20 años era impensado tener un analista de control de gestión o un analista de inventario, quien reemplazó al tradicional encargado de bodega.

Explosión de call centers

De 7.514 personas ocupadas en call centers en 1992, la cifra saltó hoy a 27.000. Ello debido a las mayores demandas de los usuarios, que llevó a empresas de diversos rubros a asociar sus marcas a un número telefónico de servicio gratuito. Gran parte de los call centers chilenos atienden en un mismo lugar a varias empresas de distintos rubros, incluso extranjeras. Por eso, a los operadores se les exige aprender a controlar su acento y los chilenismos. La meta es el tono neutro.

El golpe tecnológico

En los años 60, el 16% de la fuerza laboral trabajaba en la industria. Hoy sólo es un 13,3%; es decir, 850.000 personas. La cifra se ha mantenido constante entre 1996 y el 2007, según el INE. La liberalización y apertura de la economía chilena de mediados de los 70 hizo que algunos sectores automatizaran sus plantas, lo cual implicó eliminar o reinventar algunos puestos de trabajo para poder competir. Además, entre 1977 y 1981 las importaciones crecieron al 19% anual, mientras que la industria se expandió apenas 3,5%. Uno de los sectores más golpeados fue el textil y vestuario, cuyo declive se profundizó en los 90: mientras en 1996 empleaba a 152.600 trabajadores, hoy la nómina alcanza a 115.800, según el INE.

Entre las importaciones, los productos a bajo precio de Oriente ganaron terreno. Y provocaron remezones: a fines del 2007, Bellavista Oveja Tomé -la textil más antigua del país y primera lanera latinoamericana- debió bajar la cortina. Lo mismo pasará a fin de mes con General Motors, que cerrará su planta ensambladora de Arica. Lo explica la economista de la Universidad Alberto Hurtado, Marcela Perticara: "Al no tener mercado interno, hay ciertas actividades que no tienen escala, pues no venden al nivel que conviene tener la producción acá adentro". Y dice además que "la tendencia es a liberalizar, integrarse y globalizarse, salvo en algunos sectores críticos que todavía se protegen".

Según Andrés Concha, secretario general de la Sofofa, "la mayor oferta de empleos hoy la entrega la industria agroalimentaria -vinífera, carnes y alimentos procesados, entre otras-, que ha abierto un importante mercado exportador y cuyas proyecciones de crecimiento son alentadoras". A ellas le sigue la industria metalmecánica y metalúrgica, que es un importante proveedor de la construcción, minería, autopistas y sistemas de logística.

Menos peones, más peluqueros

Según cifras de la Casen, en 1996 los peones agrícolas, pesqueros y afines (385.953) era uno de los grupos con mayor concentración de empleo, pero el 2006 fueron sobrepasados por los trabajadores de servicios personales (445.000): peluqueros, banqueteros y organizadores de eventos, entre otros. Arturo Costabal, director comercial de la exportadora Unifrutti, lo reconoció en mayo: "Hay una escasez de mano de obra, pues el retail y la minería están pagando sueldos muchos más altos y muchas veces ni siquiera es un tema de sueldo, sino que la gente prefiere trabajar en un mall que en el campo".

A nivel profesional, ocurre algo similar. Si se analizan las matrículas de la educación superior, se observa que las carreras agrícolas no crecen: se han mantenido estables desde 1996, con un promedio de 28.000 inscritos, según cifras del Mineduc.

Ejércitos de vendedoras

Durante las dos últimas décadas, la tasa de participación de la mujer en el mercado laboral chileno pasó de 29% a 39%, mientras que la del hombre se redujo de 74% a 71%, según cifras de la OIT. Las mujeres están empleadas principalmente en el sector de servicios comunales y sociales -concentrado al 45% del total-, y en el comercio, con un 27% del total. Pero donde "reinan" es en los servicios financieros: son casi la mitad de los 52 mil trabajadores de este sector, según cifras de la Superintendencia de Bancos. Un dato curioso: la participación de las mujeres en las sucursales de bancos extranjeros supera significativamente la de los hombres, con un 61%. Y hay miles más trabajando como vendedoras de AFP, seguros, fondos mutuos o en bancos de inversión.

El sector público es también una fuente de empleo más importante para las mujeres (12.5%) que para los hombres (9.2%). El servicio doméstico también es significativo, con un 14,3%, pese a que no ha mostrado gran crecimiento la última década.

Salen sastres, modistas, zapateros

Afilaban cuchillos, arreglaban muñecas antiguas o fabricaban sombreros. Hace algunos años, todo era reparable. Se lucían los sastres, modistas y zapateros, quienes hoy casi no existen. "En general están quedando obsoletos aquellos que realizan funciones o tareas que implican esfuerzos repetitivos o rutinarios, los cuales han sido automatizados con el apoyo de tecnología", explica el presidente de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), Eugenio Heiremans.

El ocaso humanista

Otra tendencia es el estancamiento de las carreras humanistas. Según expertos, el bajo interés por esta área llevará a nuevos cambios en el mapa del empleo. En una década más, se estima que el número de licenciados en Filosofía o Literatura habrá descendido notoriamente tras el boom de los 90. Según datos del Mineduc, en 1996 se matricularon 20.687 alumnos en las carreras humanistas, pero el 2006 la cifra bajó a 8.179. Algunos decanos del área concuerdan con que la tendencia es que los alumnos complementen estas carreras con otras, como Pedagogía, y que a futuro sólo se impartirán en unas pocas instituciones. Otras cerrarán estas áreas, como ya ocurrió con algunas universidades.

La era del outsourcing

¿Pagar el sueldo a los empleados? Ni de eso se preocupan ahora algunas empresas. En la era del outsourcing, las compañías externalizan a su personal, sus plataformas tecnológicas, su alimentación y un sinnúmero de servicios. El fenómeno partió en los 80 "debido a cambios en la tecnología, el paso de una producción estandarizada a una más flexible y una mayor diversificación que requirió que las empresas fuesen más adaptables", explica Magdalena Echeverría, socióloga de la Dirección del Trabajo. Según mediciones que realiza esta repartición, mientras en 1998 un 20% de las empresas había subcontratado a otras empresas o a terceros, hoy lo hace el 41%.

Uno de los primeros sectores que comenzó externalizando mano de obra fue la construcción, con un 55,6% de subcontratación. En los últimos años, este sector ha crecido constantemente y con ello genera una intensa demanda de mano de obra, aunque allí señalan que hay una falta de expertos en oficios como enyesadores, pintores y eléctricos. Debido a esto, ha habido un alza en las remuneraciones, específicamente por la alta demanda de mandos medios. En los últimos 12 meses, el número de profesionales y técnicos ocupados creció 18,3%, mientras el de obreros disminuyó en 14,7%.

Por cuenta propia

Desde 1996 los trabajadores por cuenta propia variaron en un 5%. Se trata de trabajadores informales y emprendedores y una parte importante de estos entró en esta categoría tras la crisis económica de 1998. Las cifras del GEM -principal indicador mundial de emprendimiento- indican que un 13,4% de la población laboral chilena estuvo involucrada en actividades emprendedoras el 2007; o sea, un 46% más que el 2006.

El chileno cambia de pega

En el pasado quedó la antigua tradición de jubilar en una empresa. La rotación es cada vez más fuerte: lideran construcción (57,3%) y agricultura (33%) , mientras que en la industria la tasa alcanza al 24,4%, según cifras de la OIT. Los hombres duplican a las mujeres en movilidad, y los jóvenes también suelen cambiarse de empleo con facilidad. Este fenómeno es parte de una tendencia mundial. Por ejemplo, según la Oxford Review of Economic Policy, el número de trabajadores a tiempo completo con contrato indefinido comprendía únicamente el 50% de la fuerza laboral de Gran Bretaña en 1995, y se estima que bajará a menos del 40% en las próximas décadas.

Las profesiones con mayor rotación en Chile son Sicología y Periodismo, con un promedio de 4,5 y 4,3 trabajos diferentes en sólo cinco años y la mayoría tiene como promedio más de dos empleos tras el primer año de egreso, según datos de Trabajando.com.

La fuerza del delivery

Gente con más ingresos requiere mayores comodidades y dispone de menos tiempo. Así, hoy no es posible organizar una fiesta sin un banquetero, surgen los masajes express, el negocio de la belleza irrumpe con fuerza y las entregas a domicilio se institucionalizan. Con el delivery, el trabajo de repartidor y los empleos asociados a la logística para mantener el sistema funcionando van en alza.

El sector diversión y esparcimiento ha duplicado su cantidad de trabajadores en la última década (105.000 ), superando a los empleados del sector pesca (60.000) en el 2006, siendo que antes eran similares. Según el investigador de Ingeniería Industrial de la U. de Chile, Mattia Makovec, esto se debe a una tendencia mundial paralela al desarrollo de los países: "Muy parecido al patrón de Estados Unidos y de España. Eso es bueno, porque está subiendo el nivel medio de ingresos, se demandan más servicios y sube el empleo. En Chile esa subida ha sido probablemente más fuerte porque empezó en niveles más bajos".

Lo que viene: el boom de la salud

El INE estima que para el 2020 la población mayor de 55 años representará un 23,7% del total, siendo que en 1990 alcanzaba a un 12%. Ello generará una fuerte demanda por médicos geriatras. Pero no será ésta la única novedad en el área salud: se acentuarán también las necesidades por expertos del cáncer y especialistas en obesidad y belleza -como cirujanos plásticos-, "ya que crece la preocupación de las personas por estos temas y se destina una mayor parte del ingreso a ello, en comparación a 15 años atrás", dice Pablo Wagner, economista de la Universidad del Desarrollo.

Esta tendencia se ajusta a un estudio realizado por Futuro Laboral, que concluye que las carreras que presentan mayor potencial de empleo se relacionan con el área de salud: Enfermería, Odontología y Terapia Ocupacional, entre otras. El mundo parece ir en la misma línea, según lo demuestran análisis realizados en Estados Unidos y Canadá.

de Revista Qué Pasa, 19 julio 2008

1 de junio de 2008

LOS TRABAJADORES UNA VEZ MAS, Rafael Agacino

Pasado y presente: Los trabajadores una vez más.

(Comentarios sobre los conflictos laborales).

Rafael Agacino[1]

En memoria de Rodrigo Cisternas Fernández joven obrero forestal, 26 años, asesinado el 3 de mayo de 2007 por las fuerzas policiales en Arauco.

La contrarrevolución neoliberal chilena cambió radicalmente la estructura de la economía, y consecuentemente, casi todo su entramado institucional. Un aspecto central de este cambio fue la “nueva organización industrial”, es decir, la nueva forma en que se articuló la propiedad, la producción y los procesos de trabajo, cuyo fundamento fueron las nuevas relaciones entre capital y trabajo, entre capitalistas y entre los propios trabajadores. La tarea político-ideológica de la contrarrevolución neoliberal fue fijar dichas relaciones como normas legales o garantizar, cuando se tratara de simples prácticas sociales, su reproducción espontánea, sin necesidad de ley. El conjunto de la institucionalidad de jure y de facto, constituyó y constituye la arquitectura del proyecto neoliberal, extendido incluso a otras dimensiones de la vida. En lo que sigue nos ocupamos de sus aspectos principales desde la perspectiva del mundo del trabajo.

1. La institucionalidad económica neoliberal y su impacto en el mundo del trabajo.

La “nueva organización industrial” se concretó desde muy temprano a través de una centralización horizontal del capital y de la fragmentación productiva. La centralización horizontal, como forma de control conglomerante de la propiedad, reconfiguró al segmento dominante del empresariado dando paso a “grupos económicos” con inversiones transversales, es decir, interesados cada vez más en la “acumulación en general” y menos en un “valor de uso” o rama específicos. La fragmentación productiva, por su parte, bajo la forma de externalización de funciones o subcontratación, modificó la demografía empresarial generando una estructura muy heterogénea que vinculó orgánicamente a firmas medianas y pequeñas -e incluso micro-empresas y trabajadores a domicilio- con los grandes conglomerados controladores de los procesos de acumulación.

Miradas estas tendencias desde el ángulo de los sujetos colectivos, por simple observación se constata que la franja del capital asociada a los conglomerados se fortaleció objetiva y subjetivamente, mientras los trabajadores – e incluso importantes franjas de capitales pequeños- fueron obligados por la dinámica de las transformaciones, a involucionar desde sujetos colectivos a simples categorías estadísticas sin significación social o política alguna.

Para la masa trabajadora este proceso fue acompañado por la precarización directa o indirecta de sus condiciones laborales por cuanto la institucionalidad laboral, aún considerando las reformas realizadas por los tres primeros gobiernos civiles, no se hizo cargo en plenitud del principio de “desigualdad originaria” entre capital y trabajo, idea fundante del Derecho Laboral. Salvo la estrecha franja de asalariados “protegidos” pertenecientes al Estado o a grandes empresas que aún mantienen núcleos estratégicos de empleo directo, la precarización de las condiciones laborales implicó la precarización de las propias condiciones de vida de la gran mayoría de los trabajadores. Y no sólo por los bajos salarios, malas condiciones de trabajo o “contratos basura”, sino también por la imposibilidad práctica o legal de ejercer los derechos de sindicalización y negociación consignados en la misma ley laboral[2].

En efecto, la legislación vigente, concebida por la dictadura y reformada por los gobiernos civiles, consigna cuatro tipos sindicatos - de empresa, interempresa, de trabajadores transitorios y de trabajadores independientes- de los cuales sólo el primero está plenamente facultado para negociar colectivamente. Los sindicatos interempresa, que requieren del acuerdo previo de los diferentes empleadores, y los de trabajadores transitorios, por la naturaleza de la actividad o de la relación, enfrentan serias dificultades para gestar organizaciones y procesos de negociación perdurables.

El mismo cuerpo legal autoriza dos modalidades de negociación colectiva: la reglada y la no reglada. La primera consiste en un procedimiento en que las partes tienen deberes y derechos definidos y se obligan a culminar con la suscripción de un contrato colectivo, mientras en la no reglada, el timing y su carácter dependen de la pura voluntad de las partes sin que éstas deban seguir un procedimiento que termine con la suscripción de un convenio colectivo, ni tengan derecho a ejercer, como en el caso anterior, ciertas prerrogativas como la huelga legal. Es importante, además, considerar que la negociación colectiva, sea o no reglada, puede llevarse a cabo tanto por sindicatos -instancias más permanentes y con personalidad jurídica- como por grupos negociadores organizados para ese solo fin y cuya existencia generalmente se limita a la duración del proceso.

Este entramado institucional de jure es el que explica que en la actualidad no más del 12% de la fuerza de trabajo ocupada esté organizada formalmente en sindicatos, y que la cobertura de la negociación colectiva –incluyendo sindicatos y grupos negociadores- alcance a poco más del 7% de los ocupados[3].

Si consideramos, por una parte, que sólo el 8% de la fuerza de trabajo está organizada en sindicatos de empresa - la opción más favorable para la negociación colectiva- con un tamaño promedio de 35 afiliados, y por otra, que los otros cuatro puntos porcentuales restantes de sindicalización (la tasa total alcanza al 12%) corresponden a sindicatos prácticamente imposibilitados de negociar colectivamente de forma eficaz y con efectos perdurables, se comprende la cuasi inutilidad de la legislación laboral actual[4].

Así, un 12% de los trabajadores organizados de manera fragmentaria y con poder mínimo y un 88% restante sin ningún tipo de organización propia, explican que el 93% de los ocupados de este país estén al margen de la protección laboral que deriva de la negociación colectiva y carezcan de herramientas legales efectivas para negociar las condiciones de venta y uso de su único activo: su capacidad de trabajo.

Por otra parte, la institucionalidad de facto se concretó en un conjunto de prácticas que reforzaron la atomización y la involución de los trabajadores comos sujetos colectivos. Los sistemas salariales asociados a la productividad individual, la introducción de nuevos paradigmas de organización del trabajo (polivalencia, rotación y ampliación de tareas, etc.) y de la producción (el “justo a y tiempo”, la maquila y subcontratación de mano de obra), fueron la base estructural extra jurídica sobre la cual el capital logró mantener a raya a los trabajadores e imponer mas fácilmente su racionalidad como sentido común. Este último proceso se extendió y legitimó cuando sobrevino la democracia, pues, durante los 17 años siguientes, aprovechando la vulnerabilidad, la obsecuencia o permeabilidad a la corrupción de las dirigencias, se los involucró en “acuerdos marcos” nacionales, en “alianzas estratégicas” sectoriales o simplemente inyectándoles la morfina del consumismo, que desplazó al trabajo del centro y proclamó al empresario y la empresa como causa de la riqueza y el bienestar. El verbo fue “emprender”, el sujeto el “emprendedor” o el “empresario”.

2. Límites del “sindicalismo clásico” y respuestas emergentes.

En la fase post dictatorial de la contra revolución neoliberal, el efecto de las transformaciones anteriores redujo la organización y lucha de los trabajadores a su mínima expresión. La concepción dominante, que podríamos denominar “sindicalismo clásico”[5], retuvo más por tradición que por acción, cierta presencia en los segmentos “más protegidos” de los trabajadores: los ocupados en los sectores público y municipal y en grandes empresas estatales o privadas con empleo directo y estable. Y hasta hoy, a pesar de las diversas fracturas que ha sufrido en su interior han convivido dos corrientes que se manifiestan en casi todas las organizaciones y centrales de las que hoy se compone[6]. Por una parte, la corriente social-concertacionista, incluida en ella sectores claramente colaboracionistas y digitados por la patronal, y por otra, la corriente clasista, igualmente tradicional pero con una orientación mas obrerista y de izquierda. La primera prácticamente renunció a la movilización mostrándose desde el principio obsecuente con las administraciones civiles post dictadura. La segunda, atrapada en una mezquindad corporativa y bloqueada por un dogmatismo que le ha impedido comprender profundamente la nueva realidad del trabajo, se ha mostrado impotente para levantar una política hacia los trabajadores flexibilizados y precarizados cuyas concepciones, formas de organización y lucha tradicionales, simplemente no le acomodan ni objetiva ni culturalmente.

Al lado del sindicalismo clásico, muchas veces en soledad, trastabillando, y sobre todo rompiendo con el chantaje que impuso la estrategia de los consensos de la Transición chilena, varias franjas de trabajadores en el ocaso de los ochenta y durante el boom de inversiones de la primera mitad de los noventa, comenzaron a reaccionar y ensayaron formas de convivencia, organización y luchas adaptadas a las nuevas condiciones de precariedad y flexibilidad. Se trataba de experiencias que, a diferencia de aquellas vinculadas al sindicalismo clásico, construyeron formas propias de convivencia y apoyo mutuo, desarrollaron una militancia social amplia, enfrentaron negociaciones de facto al amparo o no de organizaciones legales, y ensayaron métodos de participación colectiva y acción directa. Entre estas experiencias, las más conocidas fueron: la de los trabajadores del montaje industrial agrupados en el SINAMI, la de los contratistas del cobre de la división El Teniente de CODELCO[7] y la de los grupos de mujeres de la agroindustria (temporeras) que aprendieron de súbito a pelear por mejoras en sus salarios y paupérrimas condiciones de trabajo. En lo que va corrido de la presente década, la experiencia más emblemática y aleccionadora, previa a las movilizaciones de trabajadores subcontratistas este año 2007, es sin duda la de los estibadores subcontratistas de los puertos de Coronel, Lirquen, Talcahuano y San Vicente ocurrida en el año 2003[8].

Naturalmente, las movilizaciones recientes de los subcontratistas de las forestales y el cobre, así como las anteriormente citadas, tienen singularidades que explican sus éxitos y fracasos, incluidos los tremendos costos humanos como lo fue el cuasi fusilamiento del joven obrero Rodrigo Cisternas por parte de Carabineros[9].

El tipo de empresa (holding público o privado, exportadora, etc.), el momento económico y político en que se lanza el conflicto, la experiencia y composición del activo de trabajadores que se moviliza en cada caso, etc., son todos factores clave a la hora de su desenlace. Pero las diferencias fundamentales que interesa resaltar aquí se refieren a las concepciones y prácticas respecto del sindicalismo clásico. Estas diferencias pueden ser relevadas desde varios ángulos y son claramente visibles cuando se tiene a la vista las institucionalidad de jure y de facto que impera actualmente en el país.

En el caso de un típico sindicato de empresa, su derecho a negociación colectiva se concreta inicialmente presentando a su patrón directo un proyecto de contrato o de convenio según se trate de un proceso reglado o no. Luego, si se trata de un contrato colectivo, la negociación se ciñe a un conjunto de etapas con procedimientos y tiempos predefinidos, incluida la votación y/o realización de la huelga legal, o bien, en el caso de convenio, desarrollando un proceso de negociación sin pauta ni duración definidas y sin derecho a huelga. Así, si los sindicatos o grupos negociadores logran resistir las prácticas antisindicales y aunar la voluntad de sus asociados para iniciar la negociación, deben enfrentar luego problemas de orden táctico como: conformación de equipos de negociación efectivos, incluyendo asesoría legal y económica, reunión de información clave respecto de la economía, sector y la empresa, y sobre todo el problema de mantener a su dirigencia unida e impermeable al soborno, así como a sus asociados involucrados y dispuestos a aplicar dosis crecientes de presión hasta llegar, si disponen de este recurso, a la huelga legal.

Este ciclo de negociación, repetido cada dos, tres o cuatro años, es la práctica habitual de negociación de los sindicatos de trabajadores de planta de grandes empresas tales como MADECO, BANCO CHILE, AFP PROVIDA, ENAP, ESCONDIDA, BATA, CCU, TELEFONICA y otras similares. En todos ellas, debe destacarse, existe al menos un sindicato de empresa que presenta un pliego formal de peticiones a su empleador directo y conocido, y que con la debida asesoría y definiciones de negociación, se dedica, en un espacio y tiempos formalmente reconocidos, a consensuar con su empleador las magnitudes de reajustes y mejoras en las condiciones laborales para sus asociados, y que a veces, más por defecto que por efecto, se hacen también extensibles a los trabajadores no organizados u organizados en otros sindicatos o grupos negociadores de la misma empresa.

Se comprenderá que si este ciclo entraña dificultades para los grandes sindicatos de empresas, éstas se multiplican para los sindicatos pequeños, con escasos recursos económicos, baja calificación y experiencia de sus asociados y acceso limitado a medios de información. Peor en el caso de los grupos negociadores poco numerosos y en los sindicatos inter empresa que deben conseguir la anuencia de los empleadores involucrados para siquiera aspirar a negociar. Y así, en general, para todos los ocupados en los eslabones débiles de las cadenas de subcontratación y/o externalización cuya relación laboral legal es tan precaria aún cuando produzcan bienes o servicios para las grandes empresa mandantes[10].

Por ello, la negociación “tecnificada”, es un modelo practicado por un segmento muy reducido de trabajadores organizados que, como ya hemos visto, fluctúan en torno al 7% de la fuerza de trabajo ocupada.

3. Ruptura y continuidad. Las nuevas prácticas y nuevos sujetos.

La originalidad de las experiencias desarrolladas por los trabajadores para los cuales todo este entramado institucional resulta cuasi inútil, estriba en los síntomas de ruptura con las prácticas y concepciones del viejo sindicalismo constituido al amparo del patrón de acumulación desarrollista. Lo que se observa es una recuperación de prácticas históricas de organización y lucha, digamos pre-clásicas, ensayadas por el movimiento de trabajadores de fines del siglo XIX y principios del XX que, como se sabe, fue muy influenciado por concepciones libertarias y autonomistas.

Estos síntomas de ruptura con el sindicalismo clásico se manifiestan en un intento de comprender y actuar frente a la actual realidad del trabajo y la producción con otros conceptos y medios organizativos. Lo anterior es muy evidente cuando se analizan las prácticas de las nuevas cohortes de trabajadores que conforman la fuerza de trabajo actual; éstas son ya directamente hijas del modelo, han crecido y sobrevivido en las nuevas condiciones laborales y de la producción, por lo cual sus formas de entender su vida como trabajadores y sus luchas ya no se estructuran subjetivamente con los códigos lingüísticos y conceptuales propios del sindicalismo clásico, menos con sus formas organizativas y de convivencia[11].

Estas franjas han comprendido, en primer lugar, que la organización de los trabajadores consiste ante todo en la articulación de voluntades sobre la base de una identidad “general de clase” que supera la específica identidad fundada en el oficio o la empresa; y por ello mismo, en una franca disposición a actuar colectivamente en torno a intereses mucho mas generales que los propios e inmediatos. Y aunque en muchos casos la organización adopte la figura legal de sindicato o arranque de ella, lo importante es que la práctica de las organizaciones supera las restricciones impuestas por esa forma legal y cultural que se ha impuesto en las últimas décadas. Una manifestación concreta de esta concepción es que muchas de éstas organizaciones de nuevo tipo mantienen la afiliación con independencia de si el trabajador está o no empleado, o si está o no trabajando en la misma empresa, faena o proyecto. El camino lo abrió el antiguo SINAMI que utilizó la figura de “sindicato nacional” para mantener la afiliación de masas de trabajadores que se desplazaban de obra en obra con tiempos más o menos prolongados de desempleo; y en nuestros días el paradigma, sin duda, lo constituye el Sindicato de Trabajadores del Puerto de San Vicente que cuenta con socios que mantienen su afiliación a pesar que sus contratos con las empresas de estiba tienen una duración máxima de 8 horas y nada asegura que al día, semana o mes siguientes puedan ser nuevamente contratados[12].

En segundo lugar, entienden que en las nuevas condiciones de producción la relación laboral-legal no se corresponde necesariamente con la relación laboral-económica. En efecto, como ya hemos dicho, la fragmentación productiva separa la relación legal de la relación económica pues la entidad que aparece como contratante no necesariamente es la entidad que se sirve directa o indirectamente de la fuerza de trabajo. Es evidente que la existencia de circuitos productivos o cadenas de subcontratación que vinculan desde talleres productivos - incluso en ocasiones trabajadores a domicilio- con pequeñas y medianas empresas que suministran partes o piezas o simplemente fuerza de trabajo a una empresa mandante, hace inútil la ley laboral. En efecto ¿tiene algún sentido se autorice la organización y negociación a sindicatos de empresa o grupos negociadores, si éstos deben remitirse a un empleador que, como ocurre en miles de casos, no tiene ni la capacidad ni la independencia económicas para negociar seriamente con sus trabajadores directos?

Así, en suma, se verifica que en las condiciones de fragmentación productiva y flexibilidad del mercado de trabajo, el sindicato formal no sólo es inservible como instrumento organizativo para los trabajadores que rotan entre el empleo y el desempleo, sino también como medio de negociación para aquellos trabajadores cuyo empleador directo no es sino un suministrador de fuerza de trabajo para el empleador efectivo.

En tercer lugar, las franjas de trabajadores de las que hablamos han ido desarrollando la conciencia de que la organización y sus acciones deben adecuarse a exigencias mayores a la pura capacidad negociadora en mesa o de lucha en condiciones tradicionales de conflicto. Por el contrario, éstas asumen desde la partida exigencias de carácter más político, por cuanto se refieren a la constitución de sujetos colectivos capaces de resolver al menos tres problemas tácticos que para el sindicato de empresa de las grandes firmas se suponen resueltos, a saber:

(a) Construir una fuerza colectiva capaz de superar el efecto atomizador de la institucionalidad vigente. Dado que en la mayoría de los casos la relación laboral directa encubre al patrón o empleador real por medio de una infinidad de empleadores formales, los trabajadores deben convencerse y convencer que hay que desplazar el espacio de organización y lucha de la relación laboral-legal a la relación laboral-económica. Vale la pena indicar que este tipo de organización y negociación solo en apariencia recuerda la negociación por rama pues el referente aquí no es la rama sino el holding o el grupo económico y/o la empresa principal mandante.

(b) Forzar a que la contraparte patronal real se constituya como tal. Por la misma razón anterior, los trabajadores para siquiera aspirar a negociar con efectividad deben preocuparse ante de todo de obligar a que el empleador real aparezca, dé la cara y acepte negociar. Como se ha visto, éste se hace el desentendido o se rehúsa a dialogar argumentando que se trata de una relación laboral de la cual él no forma parte; así, no queda más que forzarlo a reconocer de facto una relación de facto. Una buena parte de las posibilidades de éxito del conflicto se juega en la capacidad de los trabajadores para lograr constituir a su contraparte, sino ¿con quién negociarían?

(c) Resistir la persecución post negociación. Si se logra forzar a los empleadores reales a constituirse en contrapartes negociadoras, y más si la negociación resulta favorable a los trabajadores, sabido es que hay que prepararse para la reacción patronal. En muchos casos, ésta se asemeja a una suerte de “terror empresarial” que incluye despidos, listas negras y soborno. El empresariado aprende rápidamente y no admite ser gratuitamente sorprendido dos veces.

Tanto en las movilizaciones ilegales de los estibadores de la VIII región el 2003, como en las de trabajadores forestales y del cobre de este año, luego de lograr constituir una organización trasversal y desencadenar el proceso, el punto crítico ha sido forzar la constitución de una mesa negociadora con las empresas mandantes, e incluso, concitando la atención de las autoridades políticas (Intendente, ministros del trabajo e interior) y de los grandes propietarios como ocurrió con Ricardo Claro en los puertos y con Eliodoro Matte en Mininco. Se trata, como decían los trabajadores del puerto de San Vicente, “de negociar con Tarzán, no con los monos[13].

Por otra parte, las experiencias del SINAMI[14], SINTRAC y más recientemente de los trabajadores subcontratados de CODELCO, muestran la necesidad de protegerse frente al soborno a dirigentes, despidos y listas negras. Este último mecanismo, muy usado en los sectores de trabajo temporal y transitorio, ha implicado que muchos de sus militantes más activos – que usualmente cumplen el rol de delegados - sean forzados a cambiar de oficio e incluso a migrar, por cuanto las firmas subcontratistas se niegan a emplearlos. Así, se ha vuelto necesario implementar fondos de huelga, fondos rotatorios o simplemente colectas solidarias, iniciativas colectivas que han recuperado las prácticas de apoyo mutuo y solidaridad autónomas típicas del movimiento de trabajadores de inicios del siglo pasado.

Como se observa, las concepciones organizativas y de convivencia, así como las definiciones tácticas a utilizar en las luchas reivindicativas, deben considerar desde la partida un conjunto de dimensiones y tareas mucho más amplias y complejas que aquellas propias de los sindicatos de trabajadores estables. La organización tiene poco de clientelismo entre dirigentes que ofrecen mejoras y socios que las demandan pasivamente; aquí se trata de organizaciones cuya única posibilidad de mejorar las condiciones de sus asociados y sobrevivir, es ampliar la mirada y ámbito de acción, condición muy favorable a la constitución de sujetos sociales activos.

4. Un paso adelante: los trabajadores una vez más un sujeto político-social.

En esta perspectiva y en cuarto lugar, lentamente comienza a plantearse la problemática de los derechos generales, la demanda por los “derechos sociales” tales como educación, salud, vivienda, recreación, etc., cuya posibilidad de ser satisfechos a partir de las negociaciones restringidas a los lugares de trabajo o con los empleadores directos, en las condiciones actuales es prácticamente nula.

En el contexto del patrón de acumulación desarrollista anterior, algunos segmentos de trabajadores lograron satisfacer éstos derechos generales negociando en sus espacios laborales propios por cuanto la institucionalidad vigente incluía mecanismos tripartitos (Estado, empresarios y sindicatos) que lo hacían posible. Tales mecanismos dieron origen, por ejemplo, a una serie de establecimientos educacionales, complejos habitacionales y deportivos – recuérdese la Escuela Matte en Puente Alto, las poblaciones Yarur y Copec en Santiago, los estadios ferroviarios en varias ciudades- y otras instalaciones destinadas a cubrir parte de estas “demandas sociales”.

Es obvio que hoy esos logros son inimaginables negociando con los empleadores directos, incluso en caso de los sindicatos de empresa clásicos.

Esas demandas requieren de una fuerza tal que, primero, sea capaz de reponer el rol central del trabajo y los trabajadores en la producción de la riqueza social y en la sociedad, sobre todo reponerlo en la propia cabeza de los trabajadores cuya identidad está hoy trizada, y en segundo lugar, forzar a que los sectores dominantes y el Estado se constituyan como contraparte de la “cuestión social”.

La clave del presente es la constitución de los trabajadores como sujeto político-social; logrado esto se verá cuánto se gana y cómo se sobrevive a los embates de un sistema neoliberal ya maduro que parece contar cada vez con menos artilugios para eludir sus síntomas de agotamiento.

En noviembre de este año se conmemorarán los 100 años de la masacre de la Escuela Santa María de Iquique; a pesar de que ha pasado un siglo, la memoria está viva. Este simple hecho señala que la matrix neoliberal adolece de fallas, de fisuras; por ellas sus anomalías estructurales afloran y golpetean la conciencia de quien se detenga un minuto a reflexionar con mínima profundidad sobre su miseria global. La primera anomalía es su incompletitud histórica por cuanto no logra anular el pasado, el sedimento de la memoria; la segunda es su incompletitud actual, por cuanto ya no le es posible mantener a bajo costo la brecha entre lo que promete y lo que satisface. Por el contrario sus costos son crecientes y hay menos humanidad dispuesta a soportarlos.

Los obreros salitreros dejaron las oficinas y bajaron a Iquique para exigir al conjunto de la patronal y al Estado se constituyeran en la contraparte de sus demandas. Hoy, casi como ley de la historia, las condiciones parecen obligar a los trabajadores a elevar su mirada y generalizar sus luchas para forzar la constitución contraparte de la “cuestión social”. De seguro, la tentación de los sectores dominantes será responder otra vez con plomo, cárcel y torturas como en 1907 y en 1973; el talento de los constructores debe prever ese expediente, y en consecuencia, esta vez si prepararse para resistir y si prepararse para vencer.

Santiago, memorable 15 de agosto de 2007.


[1] Profesor Universidad Bolivariana. Versión corregida 24/09/07; archivo electrónico en: www.redem.buap.mx.

[2] Más detalles sobre los temas tratados en este y el punto siguiente en R. Agacino: Notas sobre el capitalismo chileno y antecedentes para una plataforma de lucha por los derechos generales de los trabajadores, revista Economía Crítica y Desarrollo, Año 1, Nº 2, Semestre II-2002, Santiago. Versión electrónica en www.redem.buap.mx.

[3] Dirección Nacional del Trabajo: Compendio de series estadísticas 1990-2006, Capitulo I: Sindicalismo y Capítulo II: Negociación Colectiva, disponibles en http://portal.dt.gob.cl/documentacion. La cobertura del 7% de la negociación colectiva resulta de la suma –aproximada, sin decimales- de las tasas de trabajadores involucrados en negociaciones respecto del total de fuerza de trabajo ocupada, excluida la administración pública, correspondientes a los años 2005 y 2006.

[4] Las cifras son tomadas directamente de la fuente indicada en nota anterior.

[5] Denominamos así al movimiento sindical característico del patrón de acumulación desarrollista que, en lo central, representó a la franja de trabajadores estatales y de las grandes empresas de la minería, industria, el comercio y los servicios. No obstante las diferencias ideológicas que coexistieron y coexisten en su interior, este sindicalismo es tributario de concepciones organizativas y prácticas de representación burocráticas así como proclive a una relación de dependencia respecto de los partidos políticos y el Estado, tendencias muy propias del ideario keynesiano o estatalista. Sus formas clásicas de organización han sido los sindicatos de empresa y las asociaciones gremiales. La distinción entre “sindicalismo clásico” y movimiento de trabajadores permite mostrar que éste último no se agota ni se reduce a sola una de sus formas históricas: el sindicalismo. La historia oficial ortodoxa tiende a presentar las experiencias previas – aquellas acaecidas entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX- como “proto sindicalismo”, mostrándolas como inmaduras y puramente espontáneas. Nada más falso. Se trató de procesos de constitución y lucha cuyas concepciones organizativas y prácticas no sólo fueron adecuadas a las condiciones impuestas por el patrón de acumulación capitalista vigente en ese entonces, sino también, promotoras de la independencia y autonomía que pretendían convertir a la clase obrera en un auténtico sujeto social y político.

[6] En la actualidad existen como centrales legalmente constituidas y/o reconocidas por la OIT, la CUT, la CAT y la UNT.

[7] Para un análisis más detallado de las estrategias sindicales en la minería ver Agacino, Rojas y González: Capital transnacional y Trabajo. El desarrollo Minero en Chile, LOM, Santiago, 1998.

[8] Ver artículo de Luis Candia: Toma de puertos, victoria de los trabajadores, revista Pastoral Popular, Nº 285, agosto 2003.

[9] Hay registros gráficos residentes en diferentes páginas web. Por ejemplo, http://www.youtube.com.

[10] Empresas mandantes son aquellas que subcontratan a otras firmas a fin de que realicen actividades productivas o de servicios, o bien, en un sentido más amplio, a objeto de que les suministran servicios de fuerza de trabajo para realizar tales actividades.

[11] Un buen ejemplo es la reciente experiencia de un grupo de trabajadores de Supermercados Líder. Una organización formada bajo la cubierta de un club deportivo e integrada casi únicamente por jóvenes logró, por medio de una heterodoxa movilización, resultados favorables, y sobre todo, sobrevivir a los embates del empresariado. Una ventaja notable de este grupo jóvenes, en contraste con las viejas generaciones de trabajadores formadas en el sindicalismo tradicional, es su mayor resistencia subjetiva a la amenaza del despido. Y no porque se trate de chicos indolentes o sin responsabilidades familiares, sino simplemente porque toda su vida laboral la han desarrollado en condiciones de flexibilidad precaria, y por tanto, digámoslo así, están ya aclimatados a transitar entre el empleo y el desempleo, a cambiar de oficio, empresa e incluso de barrio cada dos o tres años. Son “carne para la picadora” como diría la Polla Record, grupo musical muy escuchado por las nuevas generaciones de trabajadores.

[12] Ver reportaje de Manuel Ossa: Estibadores de San Vicente – una organización comunitaria y sindical, revista Pastoral Popular, Nº 279, mayo 2002.

[13] A este respecto resulta interesante conocer el número de personas empleadas directa e indirectamente por cada conglomerado o holding. No contamos con cifras precisas pero recientemente se publicó una referencia sobre los trabajadores empleados por las principales empresas según ventas anuales consolidadas en el año 2006. Entre otras, es notable saber que CENCOSUD del grupo (Horst) Paulman, empleó un total de 70.869 trabajadores en sus diferentes empresas durante el 2006; Falabella del grupo (Reinaldo) Solari ocupó 49.507 trabajadores; D&S del grupo (Felipe) Ibáñez ocupó 33.724 trabajadores y CELCO del grupo (Anacleto) Angelini empleó 34.000 trabajadores. Está claro entonces a quién dirigirse. Véase revista Capital N°202, Santiago, 20/04/2006.

[14] Luego de una larga crisis generada por acusaciones cruzadas de corrupción –algunos dirigentes se habrían transformado en contratistas suministradores de mano de obra para las empresas contraparte sin renunciar a su calidad de tales - ésta organización se escindió y un grupo de trabajadores dio origen, a fines del año 2003, al Sindicato Interempresa nacional de trabajadores de contratistas y subcontratistas, SINTRAC.

28 de mayo de 2008

PRECARIEDAD SOCIAL Y NUEVAS FORMAS DE PROSTITUCION JUVENIL

Regalan su cuerpo y a cambio reciben dinero para la universidad, la luz y el gas. Son estudiantes que “se ofrecen” a cambio de inéditas retribuciones. Según el testimonio de los jóvenes, este contrato sexual cuesta mucho más de lo que parece.

"Profesional, buen nivel social y económico, ofrece ayuda económica a cambio de sexo. Las prefiero de cuerpo normal o delgadas. Abstenerse trabajadoras sexuales. Valor de la ayuda a conversar. Interesadas, por favor, contactarse".

Soy joven de 24 años, ardiente y complaciente, sólo por una pequeña ayuda económica o de acuerdo a la satisfacción del hombre. No me interesa el estado civil. Disfrutaremos mucho".

La Nación.cl

Estos son avisos reales. Aparecen en internet escritos por anónimos oferentes jóvenes y adultos que no revelan su edad. Ofrecen sexo sin límites por el pago de alguna cuenta. Quienes ven en esta práctica una forma de vivir dicen que después de la primera vez ya no se puede volver atrás.

Marisa tiene 45 años, el pelo rubio ondulado y curvas prominentes. Recuerda que a los 14 años, cuando vivía en Talca, no había hombre que no se diera vuelta a mirarla. Sus vecinos la llamaban "la Miss Chile", pero su belleza fue a la vez su maldición. A los 15 aprendió a fingir en el amor y se casó con un profesor de 27 años para arrancar de las peleas con su madre. Ese mismo año tuvo a su hija, diez meses antes de terminar su matrimonio. Sola, y nada más que con el cuarto medio bajo el brazo, intentó probar suerte en Santiago. "Acá encontré un trabajo de secretaria en una notaría; mi jefe tenía 53 años, me trataba como un padre y con el tiempo le empecé a gustar, comenzó a conquistarme con cosas materiales y plata", recuerda Marisa. Esa fue la primera de varias oportunidades en que vendió su cuerpo por dinero. Después de ese encuentro vino un reloj de oro, plata para los pañales de su hija y para comprarse los pasajes a Talca cada vez que quisiera visitar a su familia. Así pasaron un par de años, hasta que la amistad y el dinero se acabaron. Ya había palpado el mundo del intercambio de sexo por ayuda económica.

Ella recuerda que cuando quedó cesante fueron esos "amigos sexuales" quienes le regalaban hasta un millón de pesos para pagar la cuenta de la luz, la comida y los cheques sin fondo que le quitaban el sueño. Hoy intenta una reflexión acerca de lo que vivió: "Los tipos creen que una se acuesta con ellos por amor y a veces eso es algo insoportable, debes pagar y tener sexo con esos ‘amigos’, a quienes les pides todo ‘prestado’, bien sumisa para que no se sientan tan utilizados", recuerda Marisa. Además, asegura que con el tiempo se acostumbró a los viajes, el gimnasio y la manicure francesa. Sabe que ya no retrocederá, menos ahora que "tiene" un norteamericano de 60 años que le paga las cuentas "El otro día me ofrecieron un puesto en un AFP, pero no lo acepté, no me alcanzaría la plata para el nivel de vida que tengo", asegura.

El estudio de prostitución juvenil urbana, realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) en el año 2000, califica este hecho como "prostitución invisible". Allí define este tipo de comercio sexual como una relación que tiene como principal característica que quienes la realizan no lo reconocen así, encubriéndola con otras acciones como salir juntos, participar en una cena de amigos, o una "relación".

En el informe, además, se señala que este tipo de prostitución puede estar presente en todos los estratos socioeconómicos, y que esta "ayuda económica" incorpora fundamentalmente el pago de cuentas o el pago de la universidad en el caso de niñas jóvenes. El mismo documento acusa que en sectores menos acomodados también son comunes las ayudas y regalos de hombres mayores y casados.

ALERTA EN LA RED

Andrés Góngora, subcomisario de Investigaciones, señala que los avisos de internet pueden tratarse de una forma de promoción del comercio sexual, aunque quien firma el mensaje sea mayor de edad. "En uno de los avisos se indica a colegialas que podría corresponder a personas menores", asegura. Para el subcomisario, el tenor del aviso de "ayuda económica a cambio de sexo" da la idea que éste va dirigido de manera encubierta a una persona menor de edad, puesto que la colaboración económica de esta naturaleza se le ofrece a personas menores y no así a una mujer trabajadora. Según el subcomisario, en el artículo 367 del Código Penal se sanciona a quien promueva o facilite la prostitución de menores de edad para satisfacer los deseos de otro. La pena puede ir de los tres años y un día a los cinco años, o bien de los cinco años y un día a los veinte años. Góngora agrega que si se llega a contactar a una persona mayor de 14 años y menor de 18 puede configurarse el delito de estupro porque se están aprovechando de una situación de vulnerabilidad del menor.

Yedra García, abogada española que realizó estudios sobre los tipos de prostitución femenina y trata de blancas en Chile, señala que la existencia de la prostitución tiene su origen en un sinnúmero de factores, entre ellos la cultura sexista de los países. García es enfática al explicar que todo tipo de comercio sexual existe porque para las mujeres el acceso al trabajo es mucho más limitado que para los hombres y, en ese sentido, las mujeres aún cuentan con menos formación académica. Yedra quien además quedó sorprendida del "fenómeno café con piernas" en Chile señala que lo primero que hay que evitar frente a cualquier tipo de prostitución es la estigmatización. Para ella, detrás de este tipo de prácticas, siempre hay una familia monoparental, una mujer sola con hijos y mucha necesidad económica "La mujer que tiene que mantener a sus hijos es vulnerable a este tipo de prostitución; vender el cuerpo de la forma que sea no es una elección", asegura.

Cristián estudia diseño y es garzón. Tiene 27 años y recuerda que el año pasado conoció a un hombre mayor en el restaurante donde trabaja. "Era un gringo de 45 años que trabajaba en Chile en el negocio del outsourcing". Él fue su salvación económica. Primero se pasearon por bares de Bellavista, y cuando el maduro galán quiso intimar con él, Cristián aceptó, pero con una condición: el pago del arriendo del departamento. "Sí, es una relación por interés, pero si los tipos te pasaran la plata directamente, de verdad serías puto; es mejor que te paguen de cuentas", asegura Cristián, y agrega que la práctica es más frecuente de lo que parece. "Entre los jóvenes gays es común salir con tipos más viejos para que te paguen las cuentas, es una relación entre comillas, los chicos viajan, les sacan hasta el último peso y terminan cuando están estables económicamente", asegura el joven.

EL CICLÓN MILLONARIO

Mientras habla para la entrevista, Carla, de 28 años y un cuerpo a punta de gimnasio, se prepara para la rinoplastia. Faltan 12 horas para la operación. En su bolso guarda la ropa interior y su perfume que llevará a la clínica. Vivía en Antofagasta y allá dejó a su único amor: su hija de siete años. Allá en el norte, sus padres cuidan a su niña y ella manda el dinero para que la eduquen. A pesar de su edad y de su apariencia madura, con su buzo blanco, pantuflas de Hello Kitty y el pelo recogido, parece una niña. Ella cree que su aire infantil es un plus a la hora de enfrentarse a hombres mayores, que ven en esto un encanto, incluso desde su adolescencia, cuando ya cazaba hombres con dinero. Esos "amigos especiales" le compraron perfumes, ropa y joyas a su antojo. En ese momento se dio cuenta que el sexo era su gallina de los huevos de oro.

Hoy sigue especializándose en danza en una academia de Providencia, y dice que aunque viene de una familia de clase media, ella siempre quiso más. Asegura que para "sacar plata" hay que tener un cierto nivel cultural. Ella habla inglés. "Esto no es para ‘rotas’, a lo hombres les gusta lucirte y hay que tener experiencia. Así fui desde niña con mis pololos y cuando cumplí los veinte ‘reventaba’ a los tipos que andaban conmigo", recuerda con una sonrisa maliciosa.

Hoy, los cinco "amigos" que ostenta tienen entre 30 y 45 años, y no pasa de esa edad porque dice que "entre más viejos, más mañosos". Asegura que aceptar los regalos, ropa y dinero para pagar sus cuentas, no la hace oficialmente una prostituta. Cuando sale a comer con ellos a los restaurantes de Borde Río, se pone nerviosa con los arrumacos y los besos largos, porque en un restaurante lleno de gente prefiere que piensen que esos señores maduros con los que va a comer son sus "tíos" o su papá. "¿Quién dijo que era plata fácil?, porque para sacarles cada peso hay que engañarlos y manipularlos como una profesional. He ‘matado’ y he llorado por mi abuelita diez veces para que me den plata. Y la verdad es que los hombres pueden ser bien huevones", asegura Carla. Recuerda que la suma de dinero más alta que cayó en sus sábanas fue un millón de pesos en efectivo. En esa ocasión su "amigo" le dijo que jugaran al "ciclón millonario": él lanzó los billetes al aire y ella atrapó con los brazos todos los billetes de 20 que pudo.

Carla cambia el tema y confiesa que esa felicidad se acaba de golpe con los gritos, los tironeos y las humillantes peticiones sexuales. Sus "amigos", tarde o temprano, se ponen posesivos y maltratadores con ella, y eso nadie lo sabe. Todos se creen su dueño. "Es difícil, tienes que tener sexo con un tipo que no te gusta, que siempre te saca en cara un ‘no se te olvide que yo soy el que pago’, una tiene que quedarse calladita y eso te va dañando sicológicamente. En un restaurante, a veces tienes que pedirles permiso hasta para ir al baño y te contestan con un ‘no, siéntate, ya fuiste muchas veces’, o te meten la mano en público. Esto no es amor, son sólo tipos a los que exprimes y luego dejas", asegura Carla. "Así es la vida", continúa, para convencerse a sí misma que no hay otra forma de tener lo que tiene: un departamento en Providencia, su celular rosado, busto de silicona y una liposucción. Vuelve a la risa para contar su última adquisición: un par de anteojos Armani que le sacó a su "amigo" de 45 años. "Con un puchero le dije que necesitaba unos lentes grandes, grandes, para taparme las ojeras que me quedarían después de la operación. Cuando quiero algo pongo cara de pena, lloro, me seco las lágrimas y les pregunto: ‘¿Pero la plata me la va a pasar ahora?’".

22 de mayo de 2008

Defensa de derechos laborales en discurso de Bachelet ofusca a la derecha

La Alianza en la encrucijada

Con anuncios en materia laboral Bachelet abre temporada de campañas. Aunque en el tema de la negociación colectiva no hubo acuerdo al interior de la llamada Comisión Meller, la mandataria sorprendió a la derecha anunciado una serie de iniciativas en esa línea. Lo que, por un lado, ratifica la tesis de que las materias laborales son la mejor carta de la Concertación para enfrentar procesos electorales y, por otra parte, le entrega al ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, la manija del debate político para los próximos meses.

Claudia Rivas A., El Mostrador.cl

En la que fue la cuenta pública más larga de su administración, la Presidenta Michelle Bachelet hizo un extenso balance acerca de los logros de su gobierno. Junto con ello, los anuncios en el área social fueron acogidos favorablemente por la Concertación y, como era de esperar, la derecha se mostró decepcionada por la “falta de autocrítica”. Pero las propuestas en materia laboral son, sin duda, las que generarán más controversia dado que el período que resta de su mandato estará marcado por procesos electorales.

Desde el regreso a la democracia las reformas laborales han sido el talón de Aquiles de la Alianza y la fortaleza en que se han sustentado los triunfos electorales de la Concertación. No por nada el senador Pablo Longueira (UDI) adjudica la derrota de Joaquín Lavín, frente a Ricardo Lagos, a los proyectos sobre esta materia que Eduardo Frei envió al Congreso entre la primera y segunda vuelta, durante la disputa presidencial de 1999.

Todo indica que de frente a las municipales de octubre el escenario no será distinto. En la Concertación y en el mundo del trabajo están concientes de que las reformas laborales son un tema sensible para la oposición y no menos para el empresariado. Tanto es así que tras el discurso de la mandataria el presidente de la CUT, el socialista Arturo Martínez, advirtió que “vamos a estar atentos a los contenidos de los proyectos que representen nuestras demandas y que lleguen al Parlamento lo antes posible”.

Ello porque Bachelet asumió el compromiso de avanzar en materia de negociación colectiva y en el fortalecimiento de los sindicatos. “Queremos más y mejor negociación colectiva, porque esa es la mejor herramienta para asegurar el fluido diálogo entre trabajadores y empresarios”, dijo.

A partir de esta premisa hizo una serie de anuncios en la línea de consagrar una antigua aspiración de los trabajadores que apunta a fortalecer los sindicatos. Por lo que eliminar la posibilidad de constitución de grupos negociadores paralelos es considerado un avance importante por Martínez. Pese a ello el dirigente de la multisindical recordó que la eliminación del reemplazo durante la huelga es aún una deuda pendiente.

Pero en la Concertación admiten que los avances que intenta hacer Bachelet en esta materia chocarán “inevitablemente con el rechazo que la derecha siempre ha manifestado a los cambios en este ámbito”.

De hecho, el senador socialista Pedro Muñoz reconoce que si el gobierno envía en los próximos meses los proyectos tendientes a fortalecer el aparato sindical, este debate “puede formar parte de las contiendas municipales”. Asimismo, si la discusión se prolonga más allá de octubre “no podría negar que también va a tener incidencia en las parlamentarias y presidenciales” del próximo año.

Ello porque en el oficialismo están ciertos, por experiencias anteriores, de que los temas laborales “no concitan el respaldo de la derecha”. Aunque Muñoz cuenta con la posibilidad de que las iniciativas se puedan aprobar con el respaldo de los independientes, que podrían alinearse con la Concertación.

Negociación colectiva este año

La determinación de la Presidenta de abordar el tema de la negociación colectiva y el fortalecimiento sindical, también señala la línea que adoptará en lo que resta de su mandato, en materia laboral. Para un importante sector de la Concertación además demuestra la “afinidad” de la mandataria con las ideas promovidas por el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade.

Si bien acogió algunas de las propuestas del Consejo de Equidad, como el subsidio al trabajo y el mejoramiento al seguro de cesantía, a las iniciativas ligadas a la negociación colectiva les dio especial relevancia, pese a ser resistidas por un amplio espectro de los integrantes de dicha instancia.

Así, pese a quien le pese, Andrade asumirá un rol político relevante en los próximos meses. De hecho, aunque Bachelet no dio fecha para enviar al Congreso el proyecto sobre negociación colectiva, el secretario de Estado aseguró que será “este año, de todas maneras” y aclaró que ya el gobierno tiene la información de la labor realizada por la Comisión Meller en esta materia, por lo que ahora sólo resta elaborar la iniciativa. Admitiendo que al interior de la mencionada instancia hubo controversia respecto a este tema.

A juicio de Andrade lo que hizo la mandataria al incluir en el mensaje de este año la necesidad de avanzar en materia de negociación colectiva no fue más que honrar su palabra. Recordó que “es el cumplimiento de una promesa que la Presidenta tiene hecha en su programa. Más y mejor negociación colectiva está inscrito dentro de sus compromisos programáticos y lo que ha hecho hoy día no sólo es reiterarlo, sino que lo más importante es que ha fijado un cierto marco para que ese compromiso se cumpla”.

El ministro valoró también el anuncio acerca de eliminar la inhabilidad que pesa sobre los dirigentes sindicales para postular a cargos públicos, lo que actualmente les impide llegar al Parlamento. Una medida con nombre y apellido, ya que el actual presidente de la CUT está explorando hace tiempo la posibilidad de postular al Congreso.

Pero lo más decidor es que aunque los proyectos aún no ingresan al Congreso, ya se abrió el debate. A sólo minutos de concluido el mensaje presidencial, la UDI criticó la importancia que la mandataria dio al fortalecimiento del sindicalismo dado que, según lo ven en la tienda opositora, el porcentaje de trabajadores sindicalizados es ínfimo.

A lo que Andrade respondió que viniendo de la UDI “eso no es una novedad” y que el gremialismo no quiere ver en el anuncio “el sello social del gobierno”.

4 de mayo de 2008

NEOLIBERALISMO Y ULTRALIBERALISMO, por Naomi KLEIN

Considerada un referente por los críticos del capitalismo, esta periodista canadiense explica por qué las más extremas políticas de libre mercado sólo se pueden desarrollar bajo un estado de shock. Es más, asegura que Chile fue el laboratorio para un liberalismo fundamentalista, cuya renovada versión se experimenta hoy en Irak.

Juan C. Villalobos, La Nación del Domingo.

Cuando en 2001 lanzó su polémico libro "No Logo", donde denunciaba el poder de las grandes marcas y los devastadores efectos que éstas producen en la economía de los países más pobres, Naomi Klein inmediatamente se transformó en una celebridad entre los enemigos del omnipresente libre mercado. Luego de viajar como corresponsal y documentalista por lugares tan convulsionados como Irak, Sri Lanka y Argentina, ahora deleita a sus seguidores con "La doctrina del shock", una investigación que explica cómo los capitalistas más extremos se aprovechan de las crisis políticas, económicas, sociales y hasta naturales que sufren los países para instaurar sus ideas.

Chile ocupa un papel fundamental en esta teoría: Klein asegura que los Chicago boys se aprovecharon de las violaciones de los derechos humanos en el régimen militar para instaurar, sin contrapeso, un liberalismo extremo. Es más, cita a Orlando Letelier como una de sus principales fuentes de inspiración. Es por eso que las actividades más importantes de su primer viaje a nuestro país fueron su entrevista con la familia del ex canciller asesinado y su visita a Villa Grimaldi, partes fundamentales del documental que está haciendo sobre la controvertida doctrina del shock.

-¿Qué características hicieron de Chile el escenario perfecto para implementar un "neoliberalismo extremo"?

-Esto fue el resultado de diversas circunstancias históricas. Cuando se produjo el golpe, los Chicago boys estaban listos para imponer sus ideas ultraliberales, ya que los militares tenían la fuerza para derrocar al Gobierno, pero no sabían cómo manejar la economía. Fue así como Milton Friedman, el gran maestro de estos economistas, se transformó en asesor de Pinochet. Los Chicago boys hablaban el mismo idioma del dictador: querían restaurar el orden social y consideraban al socialismo como una enfermedad que iba en contra del orden natural. Para ellos, cualquier intento por regular el mercado era una forma de interferir y dañar ese orden.

-¿Cómo se relacionan la tortura y las desapariciones con la implementación de las políticas neoliberales?

-Mucho, ya que un aspecto fundamental para que esta estrategia tuviera éxito fue que la dictadura utilizó una tremenda fuerza represiva para deshacerse de cualquier tipo de oposición. Si alguien buscaba un lugar lo menos óptimo para imponer un libre mercado radical, ese lugar era justamente Chile, que había elegido a un Presidente socialista y donde existían una izquierda y un movimiento sindical muy potentes. Escoger este país era como intentar hacer una revolución obrera en Beverly Hills. Por eso se empleó el terror sistemático para enfrentar cualquier crítica al modelo. De hecho, en una carta de Milton Friedman a Pinochet en 1975, este economista habla del "tratamiento de shock" como la forma para imponer el libre mercado. Este comentario se hacía justamente cuando en la prensa internacional se hablaba de que se estaban dando tratamientos de shock a los torturados y desaparecidos chilenos.

-Una cosa iba relacionada con la otra.

-Exacto. El modelo neoliberal no se podría haber impuesto en Chile sin las violaciones de los derechos humanos. El propio Sergio de Castro dijo que se necesitaba mano dura. Y es un hecho que los militares no podrían haber realizado las reformas capitalistas si hubieran tenido que someterse a elecciones. No estoy diciendo que los Chicago boys estaban totalmente conscientes de que se necesitaban las torturas para introducir estas políticas, pero sin duda tomaron la opción de no saber, porque la información estaba.

-Cuando murió Pinochet, en el mundo se habló de estas dos caras de su Gobierno: las reformas económicas, por un lado, y las violaciones de los derechos humanos, por otro.

-Los ultraliberales son muy oportunistas y manejan la historia según les convenga; ni siquiera hablan del caso chileno, y dicen que la revolución capitalista empezó en los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Existe amnesia sobre lo que pasó en Chile en los setenta. Imagínese que acabo de entrevistar a Domingo Cavallo, el ex ministro de Economía argentino, y me dijo que él nunca había sido neoliberal. ¡La historia se altera!

Chile COMO Irak

-Usted hace un paralelo entre lo que sucedió en Chile y la situación que se vive hoy en Irak.

-Existe una fórmula de "triple shock" que se ha implementado en ambos países, que han sufrido situaciones similares. Consiste en que primero se produce un shock con la invasión militar en Chile fue el golpe , luego se genera el shock económico y finalmente el de los cuerpos, que reafirma y asegura el efecto de los otros dos. Además, en Irak se ha desarrollado un laboratorio para experimentar la privatización de la guerra. Como Bush no ha podido implementar sus planes de liberalismo extremo en Estados Unidos, porque todavía hay resistencia, todo se ha hecho en Irak, donde la labor de reconstrucción está en manos privadas. Hoy, en vez de mandar soldados a la guerra, se envían guardias privados, muchos de ellos chilenos. Ahora hay más soldados pagados que miembros de ejércitos regulares. Esta es ya la última frontera de este afán por privatizarlo todo, porque ni siquiera los Chicago boys trataron de pasar a manos privadas las fuerzas militares y policiales.

-¿Cómo explica el que en Chile, luego de casi dos décadas del fin del Gobierno de Pinochet, la gente apoye a una coalición de centro-izquierda que ha mantenido gran parte la política económica del régimen militar?

-¿Y por quién van a votar los chilenos si no hay alternativa?

-Siempre ha existido la opción de una izquierda extraparlamentaria.

-La izquierda que está en el Gobierno no ha querido ni ha podido desmantelar las políticas de los Chicago boys. Lo que hace tan especial la situación chilena es que aquí no sólo se experimentó con este capitalismo radical, sino que también Chile fue el laboratorio para esa idea de que había que mantener una democracia protegida. Eso permitió que, cuando los militares entregaron el poder, en realidad traspasaron muy poco, porque todo había quedado ya muy amarrado. Es interesante que cuando los presidentes Evo Morales y Rafael Correa asumen en sus países, ambos afirman estar prisioneros en el "palacio del neoliberalismo". Eso nunca lo ha dicho un político chileno. Siento que en Chile hay un gran temor a la inestabilidad y a provocar crisis, por lo que se buscan a toda costa los equilibrios.

-¿Cree que las experiencias de países que han desafiado al capitalismo podrían tener influencia en Chile?

-Las prácticas exitosas y valientes ya han tenido efectos, porque Michelle Bachelet ha ido más allá que los anteriores gobiernos de la Concertación. Es muy interesante observar cómo los escolares chilenos, que han vivido toda su vida bajo el neoliberalismo, son los que han empezado a cuestionar también el sistema. Ese es un síntoma de cambio.

Estado de shock

-¿Cuál es la relación entre los efectos que producen la tortura en la mente y el cuerpo humano, y lo que generan las crisis en los países?

-Escogí esta metáfora porque es utilizada por los propios economistas neoliberales que llamaron a esta forma de imponer el modelo el tratamiento de shock. Es una idea muy violenta, especialmente cuando se estudian los efectos y fines de los tratamientos de electroshock y de la tortura. En el manual de la CIA que describe los efectos de la tortura en el cuerpo humano, queda claro que éstos son muy parecidos a las consecuencias que experiencias traumáticas han producido en Irak o Estados Unidos. El manual afirma que el objetivo de la tortura es generar desorientación y trauma, lo que permite doblegar al prisionero porque su resistencia baja y comienza a ver al interrogador como una figura paternal. Es lo que se vivió en Estados Unidos después de los ataques en Nueva York. Ese fue un evento que nos sorprendió, no sabíamos de dónde venía y no podíamos explicar. Cuando se tortura a alguien también se le sorprende y se le quitan todas sus seguridades. Lo que hacen los shocks, y no estoy diciendo que éstos sean deliberadamente creados, es que nos dejan en el vacío, y la reacción es tratar de llenar ese espacio de incertidumbre.

-¿Cuál fue la estrategia del Gobierno de Bush en ese momento de crisis?

-Después de los atentados, la administración Bush aprovechó esa desorientación y deliberadamente profundizó la confusión, reafirmando la idea de que vivíamos en un mundo nuevo y desconocido y que había que actuar de modo diferente. Así nació la imagen del "eje del mal" y esa sensación de que el entonces alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, era el "papá salvador". La misma pérdida de referencias y seguridades que sufren los torturados al caer en un estado de shock la viven las sociedades que sufren traumas que no pueden entender. Recién ahora estamos conociendo todas las tácticas desplegadas por el Gobierno de Bush mientras el país estaba bajo los efectos de un trauma feroz: se reescribieron las leyes, se torturó, se espió y se falsificaron pruebas y evidencias.

-¿El Gobierno norteamericano ha sido exitoso al implementar estas políticas? Hoy hay muchas voces críticas.

-Ha fracasado en el ámbito político, pero, tal como los Chicago boys lo hicieron en Chile, las cosas se han realizado de tal manera que todo ha quedado muy amarrado. Cuando se tenga que traspasar el poder habrá muy poco que traspasar. El Gobierno norteamericano ha destruido al Estado privatizándolo todo: desde la seguridad hasta la inteligencia nacional, que hoy está casi completamente en manos de empresas contratistas. Y todo bajo un manto de secretismo absoluto.

El capitalismo de los desastres

-En su libro también denuncia el llamado "capitalismo del desastre", basado en la fiebre privatizadora que se produjo después de las catástrofes producidas por el huracán Katrina en Nueva Orleáns y el tsunami en Asia.

-La clave de la doctrina del shock es el oportunismo. A veces estos shocks son creados, otras simplemente pasan, pero, como decía Milton Friedman, lo importante es tener las ideas listas para cuando estas cosas pasen. Lo que sucedió en Nueva Orleáns fue especialmente dramático porque, luego de la inundación, se desmantelaron los sistemas de salud, educación y vivienda pública y se entregaron a los privados. Lo mismo sucedió en Sri Lanka después del tsunami, donde los privados construyeron centros turísticos donde antes había villas de pescadores. El capitalismo se aprovecha de los traumas y confusión que producen los desastres naturales.

-¿Qué pueden hacer los ciudadanos para enfrentar estas políticas de shock?

-Yo escribí este libro justamente porque la doctrina del shock se basa en la sorpresa y el desconocimiento, lo mismo que sucede con los torturadores que no quieren que sus víctimas se comuniquen entre sí y compartan experiencias. Por eso es que es tan importante construir redes e instituciones que informen y permitan intercambiar experiencias.

-¿Usted percibe que en Latinoamérica ha surgido una alternativa al sistema neoliberal?

-Aquí se ven algunos ejemplos de cambios profundos al capitalismo. Lo que yo más destaco del Gobierno de Hugo Chávez, porque de otros aspectos soy muy crítica, es el apoyo que se le ha dado al sistema de cooperativas, que se han hecho cargo de la construcción de muchas obras públicas, transformándose en una alternativa a la privatización. LND