1 de agosto de 2008

OTRO PRODUCTO DEL MERCADO GLOBAL: LAS PROSTITUTAS VIP



Las chicas prepago son prostitutas vip que acompañan a gente con mucho poder. El fenómeno es global y lo protagonizan mujeres que se vuelven millonarias vendiendo su cuerpo. La literatura convirtió el tema en “best seller” y la televisión rompió ratings con la serie “Sin tetas no hay paraíso” que ahora llega a Red TV. Acá el testimonio de la triste Channel.

"Channel, me llamo Channel, como el perfume al que huelo".

La mujer paladea el nombre mientras humedece sus labios carnosos con la punta de la lengua, en un gesto casi felino. Su boca, ahora un poco más lujuriosa, está perfectamente pintada de un rosa nacarado que lentamente empieza a deshacerse en el tembloroso lóbulo de la oreja de ese hombre al que le habla.

Él, con los ojos cerrados y las manos aferradas a la mesa de vidrio, parece intentar un último esfuerzo para no perder el equilibrio. Ella, ligeramente inclinada sobre su asiento, apenas rozándolo al pronunciar palabras íntimas, lo tienta al hondo vacío que provoca. Pronto caerá.

Son las nueve de la noche en Madrid y él y ella se encuentran en un restaurante de comida thai próximo a la exclusiva Calle Serrano, donde un menú sencillo cuesta cincuenta. Él, de piel rosada y lentes de aumento, va de traje cortado a la medida y mocasines Bally.

Ella, de cabello delicadamente revuelto, lleva sandalias de tacos altos y un collar de perlas perdido entre el escote de un vestido de lino que permite adivinar sus pezones erguidos. Una escena de dos enamorados tan diametralmente opuesta que, aquí y allá, causa la misma curiosidad: algunos comensales mientras cenan, algunos camareros mientras llevan bandejas, los miran con descaro. Todos gravitan entre la incomprensión y la más negra de las envidias.

Además de las manos de ese hombre de sesenta años, sobre la mesa minimalista hay un ramo de rosas rabiosamente rojas que de tanto en tanto ella acaricia, pero no mira. La prestidigitación ha comenzado: sus ojos permanecen clavados en la mirada aún dubitativa del otro, en un gesto que ha repetido una y otra vez con el rostro ladeado. Él no lo sabe pero el show incluye esa pose. No cabe duda: aunque se trate de una transacción de altísimo nivel, el amor vendido siempre será cruel.

UN REVÓLVER COMO ALMOHADA

A Channel la conocí hace siete años en Cali, ciudad de dos millones y medio de habitantes del suroccidente de Colombia, famosa en los últimos tiempos por haberse convertido en un pequeño paraíso de narcotraficantes. Entonces ella era una bella y rebelde estudiante universitaria de una prestante familia que había caído en desgracia. Por esos días se llamaba ‘Eme’.

En el 2001, sus padres se marchaban a los Estados Unidos con la intención de emprender un milagroso negocio que los sacara de la quiebra y la chica, con 19 años, decidía quedarse. ‘Eme’, confesaría mucho después, tenía un atajo en mente.

En esa época, cuando el término "mujeres prepago" apenas se insinuaba en el país, la estudiante de sicología había descubierto la existencia de hombres capaces de pagar fortunas por la compañía de "niñas" como ella, que además de venderles sexo, fueran capaces de elevar su estatus social en noches de rumba, almuerzos de trabajo y reuniones de amigos. El éxito del negocio no estaba sólo en la cama: su mera presencia también se podía prostituir.

Ofreciendo justamente lo que no tenían las mujeres que se ofertaban en las calles, avisos clasificados y casas de citas, ‘Eme’, una morena de ojos verdes que a veces era contratada como modelo de trajes de baño para la televisión, se pagó los estudios con ventas exclusivas de su cuerpo de bailarina de ballet. Pronto se haría llamar Channel y, al igual que el perfume francés, se convertiría en una marca costosa que pocos podrían oler.

Durante mucho tiempo contó uno de sus mejores amigos en la universidad-, sus principales clientes fueron los hijos y lugartenientes de capos de la mafia que ahora están muertos o pagando condena en los Estados Unidos.

Pero ella, encogiéndose de hombros, dice que lo único que sabe es que ha sido acompañante de "gente con mucho poder", incluso, de políticos que luego se convirtieron en senadores de la República. Lo cierto, es que de esos y aquellos, parece haber aprendido un inquebrantable código del silencio y a implementar cuidados adicionales.

En Colombia, Channel asiste a sus citas en compañía de Valentina, una rubia anoréxica que es su amiga desde que cursaron la primaria en un colegio de monjas. Su trabajo, explicó alguna vez, consiste en anotar los números de las placas de los autos de los clientes, saber en qué sitios se harán las citas y llamar cada cierto tiempo al móvil de su amiga. Esa es su póliza de vida.

Aunque sucede igual que con el sistema de tarjetas de llamadas, donde el usuario paga de antemano por tiempo y servicios, en el oficio de las chicas prepago las garantías de cumplimiento no existen. Valentina sabe de mujeres que por no tener a nadie cuidando de sus espaldas han sido forzadas a practicar sexo con animales o participar en orgías.

A Channel también le pasó: una noche, con un revólver en la cabeza, fue obligada a acostarse con diez hombres. "Algo que no se volverá a repetir. Ante el mínimo riesgo, tengo un ejército armado que la rescataría en cinco minutos", dice Valentina.

Pero en Madrid nada de eso es necesario. Ni siquiera Valentina. Channel ha llegado a España para acompañar durante una semana a un hombre que, en realidad, es un abuelo indefenso. Esa noche, revelaría días después, tras la cena en el restaurante thai, se registraron en el hotel Ritz y hablaron y hablaron hasta que él se durmió.

"Es un empresario panameño que vino a cerrar negocios con españoles. Quería impresionarlos: yo a su lado soy un símbolo de poder Es un tipo muy hábil para hacer dinero, pero incapaz para otras cosas".

Sin embargo, haciendo o no, Channel ganaría tres mil euros esa y cada una de las siguientes noches. Entre el ramo de rosas rojas que ella acariciaba con ternura en el restaurante, había una boleta de consignación que lo confirmaba: veintiún mil euros. Esa fue su tarifa por siete días de amor fingido. Channel mira la factura e, inevitablemente, ladea el rostro.

CUERPOS HECHOS ALCANCÍAS

"Chicas prepago" o "putas finas". Dejaron de ser un mito y ahora se sabe de ellas, yendo por ahí, poniéndole precio a lo intangible, convertidas en máquinas registradoras. Hoy aparecen, incluso, en páginas de libros, lejanas del rol idealista y abnegado que alguna vez ocuparon en una literatura que desde Tolstoi a García Márquez, siempre las idolatró.

Son otras: menos puras en su impureza, menos frágiles en su dureza y más calculadoras y más desapasionadas y más brutas y más putas. En Colombia han llegado a darle origen a una temática literaria ("Sin tetas no hay paraíso" de Gustavo Bolivar, "Las Prepago" de Madamme Rochi) tan superficial y, desgraciadamente, tan imprescindible para algunos como ellas mismas.

Hasta el año pasado, el libro "Sin tetas no hay paraíso" iba por su novena edición, con más de 63.000 ejemplares vendidos y el rótulo de "best seller". La serie de televisión, con el mismo nombre, fue un éxito que se replicó en Ecuador, Venezuela y España. Pronto llegará a México y Chile.

FOTO_02 W:200 H:150 15 kbLa historia gira en torno a Catalina, una chica torpe de un barrio marginal de Colombia obsesionada por acoplarse a los ideales de belleza de los capos, creyendo que sólo así podrá salir de la miseria que la envuelve. Red TV, el canal local que compró los derechos del dramatizado, ha dicho que con la serie busca llamar la atención sobre el aumento de implantes mamarios "y las ya populares prepago, que piensan que su cuerpo es la única vía para alcanzar sus metas".

Relaciones Públicas del canal insiste en guardar la expectación sobre la fecha exacta de su emisión "Sólo sabemos que saldrá al aire el segundo semestre. La serie ya está adquirida y la compra se basó en el éxito de audiencia en Colombia, así como en todos los países donde es exhibida actualmente".

"Sin tetas no hay paraíso" ha sido polémica donde se ha emitido: en Colombia la crítica la calificó de "denigrante" y en España, algunos grupos políticos de Gran Canaria exigieron que fuera sacada del aire. Pero aún así, ha llegado a ser presentada hasta en Rusia y según su autor, Gustavo Bolívar, el otro año llegará al cine.

¿Acaso las putas finas se pusieron de moda como símbolo de consumo?

Javier, un prestigioso estilista de Bogotá, que siempre es contratado para maquillar candidatas en el reinado de la belleza, no titubea al decir que sí: narcotraficantes, ex paramilitares, políticos corruptos tentados por la posibilidad de tener en sus manos la belleza de mujeres que por una u otra razón antes eran inalcanzables, tendieron una trampa de dinero fácil en el que cayeron presentadoras de televisión, actrices, modelos, reinas, tal como lo cuenta el libro "Las prepago" de Madamme Rochi.

Muchas de ellas permanentemente son vinculadas con unos y otros, y son comprobadas las visitas conyugales que algunas hacen en cárceles de máxima seguridad donde están recluidos mafiosos, guerrilleros y asesinos. Pero en Colombia, país donde la ceguera ha sido por mucho tiempo el estado ideal, nadie ha visto nada.

En una oportunidad, un agente encubierto del Cuerpo de Investigaciones de la Fiscalía que seguía a un narcotraficante, me dijo que vender el cuerpo no es delito y que por eso legalmente no hay nada qué hacer en contra de las chicas prepago.

"Nadie las controla, ni sabe cuántas son", comentó antes de advertir que en los últimos años su aparición se había multiplicado como una plaga de la que las autoridades estaban sacando provecho: según él, varias de las capturas de capos que se han logrado recientemente, fueron posibles gracias a las torpes huellas que dejaron buscando a una mujer.

Martes de verano en Madrid. El sol se desparrama por la Gran Vía y los restaurantes han sacado sus mesas a la acera. Tomo un café con Channel y ella dice que algún día "quisiera que alguien, de verdad, le dijera que la quiere y que la necesita y que ella es su vida y que no importa nada y que del amor también se vive y que por favor sea su esposa".

Entonces, veo en ella los ojos de perro triste de ‘Eme’, hasta que un mensaje en su celular Blackberry la obliga a dejar el café a la mitad. "Tengo que regresar, me salió algo", grita antes de subir a un taxi. "Algo", con seguridad es uno de esos contratos a los que ella ya está acostumbrada o condenada. La miro correr y pienso que ese nombre -Channel- con el que se le presenta a sus clientes es una ironía: ¿qué tan dulce puede ser la vida de esa mujer?

1 comentario:

  1. ¿Esta historia es la mismo que está publicada el pasado domingo 27 de julio en?:

    http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080726/pags/20080726172217.html

    Siempre se agradece referencia a la fuente original.

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